Independientemente del peso económico de las remesas que desde el exterior envían nuestros compatriotas y que inciden de forma relevante en nuestra economía, los nicaragüenses en el extranjero tienen derechos consagrados por la ley y en la Constitución para obtener cédula de identidad y ejercer sus derechos políticos, sin embargo, los gobiernos de turno han demostrado una total indiferencia e irrespeto a un número significativo de compatriotas que no exigen más que lo que nos concede nuestra Constitución a todos los nicaragüenses.
Para un compatriota no tener cédula de identidad y venir a Nicaragua a obtenerla es iniciar un vía crucis, que sólo el que lo ha padecido lo puede contar. No tiene prácticamente ningún derecho ciudadano y mientras no pase por todas las trabas administrativas, no tendrá la tranquilidad que todos deseamos y merecemos en nuestra Patria.
No se necesita ser muy suspicaz para darse cuenta que a los gobernantes no les ha interesado, ni les interesa, facilitar la obtención de la cédula de identidad a los que no la tienen y no son de sus partidarios y menos si viven en el extranjero y están apurados para obtenerla.
Las razones, a mi entender, son múltiples, desde las económicas, sociales, humanitarias, etc., pero más que las razones positivas hay razones políticas que hacen inconveniente tal cedulación y así podemos llegar a la conclusión que ni al caudillismo, ni a los partidos políticos, aun los democráticos, les conviene la cedulación por varias razones.
En primer lugar, el ciudadano en el extranjero es más libre para elegir sus preferencias políticas, no se puede, o es más difícil inclinarlos a opciones personales, pues están fuera del control de la hegemonía política nacional. Es económicamente más independiente y los mueven intereses altruistas y no coyunturales, como los que se pueden vivir en el país.
Generalmente están mejor informados de lo que pasa en el mundo, en el país que viven, y tienen una visión más clara de nuestra situación interna, por tanto su voto sería más racional que partidario y esa particularidad amenazaría el control de los liderazgos sobre los partidos y correligionarios.
Nuestros compatriotas que residen en países más desarrollados viven día a día en comunicación con una población que adversa el caudillismo, que defiende la democracia en la que se practica el Estado de Derecho y en donde la gobernabilidad coadyuva a la seguridad ciudadana, todo ello nos lleva a creer que el nicaragüense en el exterior apoyaría a quien le ofrezca garantía de implementar y defender estos postulados, independientemente del partido al que pertenezca.
Necesitamos de partidos políticos renovados, abiertos y democráticos, capaz de formar una dirigencia política con mente y visión de estadista, sin celos de mentes limitadas que piensen que el voto en el exterior les haría perder influencia por la intromisión de personas que pueden incidir para ser desplazados en la opinión pública.
Vendrán tiempos en que las instituciones se respeten y escapen del manoseo de inescrupulosos y entonces podremos pensar en hacerles reformas a nuestra Constitución, que permitan un Estado más funcional y reducido, donde los nicaragüenses de la diáspora puedan elegir representantes que defiendan sus intereses en la Asamblea Nacional.
Sintiendo esta inquietud por hacer que les respeten los derechos a todos los nicaragüenses, llegué a la convicción de que la presión para obtener la cedulación no sólo debe venir de afuera, donde ya existe, sino que debe coordinarse con un movimiento interno.
La posibilidad de ofrecerles a nuestros compatriotas en el exterior una organización en el interior, dedicada a hacer lobby y presión para que se cumpla lo que por ley les pertenece, sería un camino que tendríamos que comenzar a recorrer, de manera conjunta, los de afuera y los de adentro.
De esta forma les estaremos devolviendo a los nicaragüenses de la diáspora lo que injusta e ilegalmente les hemos confiscado.
El autor es diputado, jefe de la Bancada Democrática Nicaragüense.
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