Rabadán, palabra de origen árabe que se usa en España desde el siglo XIII para designar al pastor que gobierna a uno o más hatos de ganado. Y reunión de rabadanes, es decir de pastores, es la que se produjo recientemente en Granada en ocasión de la toma de posesión de la Diócesis de Granada por monseñor Jorge Solórzano, cuando la Conferencia Episcopal, presidida por el Arzobispo de Managua, su presidente, con la presencia de ley, del señor Nuncio Apostólico, se reunió con el cardenal Obando.
Obando, Arzobispo emérito de Managua, sin ninguna jurisdicción o autoridad dentro de la Conferencia Episcopal y sin poder votar en un futuro cónclave debido a su edad, ha sido desde hace largo tiempo, según fuentes diplomáticas nicaragüenses en el Vaticano, una preocupación constante del actual Papa Benedicto XVI.
Visto en los años de la revolución nicaragüense como un defensor fidei (defensor de la fe), constituye actualmente “figura controversial” dentro de la Iglesia de Nicaragua por su involucramiento con el actual Gobierno, en donde aparece bendiciendo y santificando todo lo que el Ejecutivo hace.
Indudablemente, Obando, quien fuese mentor de la mayoría de los actuales obispos que configuran la Conferencia Episcopal, debe de haber sido tratado con el mayor respeto y deferencia por el actual Colegio Apostólico Nicaragüense, eso no quiere decir que en dicha reunión no se tocaron puntos críticos, como es el doble mensaje que la feligresía percibe.
Por una parte, un Cardenal que bendice y santolea todo lo que Ortega ejecuta. Un Cardenal que rodeado de fuerte escolta militar personifica la imagen de la arrogancia, la prepotencia y el poder.
Por otro, una Conferencia, que quiere convertirse, en la conciencia moral de la Nación. De su clase política, empresarial y obrera, para denunciar la injusticia, el atropello y la falta de apego a la Constitución y a las leyes del actual gobierno, pero sobre todo, como es su función fundamental, una Conferencia que quiere predicar el evangelio.
Los vientos actuales no son nada propicio para la nave de Pedro, el escándalo mundial de los abusos cometidos por sacerdotes a niños en diferentes países, es algo que ha conmocionado y salpicado a todos los católicos y en especial al actual Papa.
De una cosa podemos estar seguros: de la actual crisis saldrá una Iglesia mucho más trasparente y mucho más fortificada, ya que cuenta con el soplo del Paráclito.
Pero así como la crisis a nivel mundial está exigiendo transparencia en la vida de nuestros sacerdotes, y una mayor vigilancia de sus obispos.
En Nicaragua el único Cardenal con que contamos tiene que terminar su vida siendo transparente y la Conferencia está en el deber de exigirle eso.
El cardenal Obando tiene que aclarar algunas cosas: el involucramiento y apoyo desmedido a la familia Rivas. La legalidad de la Unica. El destino de la casa donada por la familia Chamorro Cardenal en El Crucero y de la casa donada por la familia Lalinde en Carretera a Masaya, ambas a los sacerdotes ancianos. El maridaje con Daniel Ortega.
Si los obispos en su reunión de Granada tocaron estos temas con Su Eminencia, creo que se ha dado un buen paso y el reporte del Nuncio a la Secretaría de Estado será satisfactorio. Si los obispos, por respeto, cariño o mal entendida gratitud, ignoraron estos asuntos, hemos vuelto a caer en lo que decía Shakespeare: Palabras, palabras y más palabras.
El autor es abogado
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