Gustavo Leytón tiene 47 años y un rostro nada atractivo, tal como él mismo lo acepta. Por eso, cuando está en escenario se hace acompañar de tres bailarinas que dan mucho de qué hablar por su revelador vestuario y sensuales coreografías. “Estoy cansada y tengo pereza”, le dice una de las bailarinas a otra. “Ayer tuvimos show y terminamos a las dos de la mañana”, cuenta Leytón, a quien las muchachas le llaman “jefe”.
“¿El traje negro nos ponemos, jefe?”, pregunta una, y él sólo asiente y aguarda sentado a que las tres mujeres salgan vestidas, listas como para uno de sus conciertos.
Este señor de facciones duras, cabello crespo, negro y largo, y con aparente fijación por los zapatos blancos, es cantante, mánager y bailarín de su propio show. Así, en su trayectoria como artista Leytón les saca carcajadas y alegría a algunos y al mismo tiempo se gana malas miradas y desaprobación de otros, pero al parecer eso no hace merma en él.
¿Cómo son los inicios de la carrera artística de Gustavo Leytón?
Fruta favorita: Mandarina.
Último libro que leyó: La Biblia.
Día más feliz: Hoy
Decepción más grande: La muerte de mi hija.
Último disco que oyó: El mío.
Si no fuera cantante sería… maestro.
¿Cómo duerme? De ladito y sin ropa.
Manía oculta: Los caramelos.
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En la pobreza me gradué como profesor a los 17 años. Dando clases el padre de una iglesia me dijo que si podía tocarle la misa, toqué la misa y le gustó. Así me dieron las misas de miércoles, jueves, sábado y domingo. Me daba 75 córdobas por cada misa y eso ya me ayudaba a mí.
¿Cómo fue el cambio de música de iglesia a música de fiesta?
Me absorbió la música porque la remuneración era mucho mejor que estar en un aula de clase. Al tiempo fui participando en distintas agrupaciones, estuve en un grupo que se llamaba Los Clever de León. Así me fui haciendo cantante, les gustaba que yo cantara y las locuras que hacía bailando.
¿Cómo definiría a su público?
El público mío es… es malo decirlo, pero lo tengo que decir. El público mío es de la clase media para abajo, ¿ya? Porque lo mío es contagioso, es de chinamo, es de música popular, es de gente que va con una porrita de comida al mar y bailan mi música. Ahora los de clase media para arriba me están buscando porque quieren sentir esa alegría. Si usted busca en internet, ahí están todos mis vídeos, ¿quién los pone ahí? ¡Le juro por mi madre, por mis hijos y por Jehová todopoderoso que no lo sé!
¿Es bastante religioso?
Todo lo que tengo se lo debo a Dios. Me ha enseñado y me ha dado mis buenos golpes. Este año, por ejemplo, me quitó a mi hija, se me murió la pequeñita que tenía cuatro años. Pero nunca he renegado de Él. Mis hijos son Testigos de Jehová y me siento agradecido con esa religión.
¿Qué pasa cuando esa religión entra en contradicción con su espectáculo?
No entra en contradicción, no. Porque yo soy admirador, no estoy diciendo que soy de esa religión… trato de ser lo mejor que pueda, sin involucrarme dentro de las cosas que me puede echar en cara el Señor más adelante.
¿A usted no le molesta la gente que critica sus espectáculos? Una vez fue su ex compañero Anthony Mathews quien dijo que sus bailes eran vulgares.
Solamente el árbol que no da frutos no lo agarran a pedradas. Usted nunca va a agarrar a pedradas un palo de chilamate porque no le va a dar nada bueno, mientas que un palo de mango sí lo agarra a pedradas para comerse lo que hay arriba. Que digan lo que quieran.
¿Usted define su vestuario y el de las bailarinas?
Yo he definido el vestuario de mis bailarinas, yo me lo inventé. Me costó que las muchachas lo aceptaran porque yo quería algo sexy, algo que atrajera, porque con este rostro y con la edad que tengo es imposible que yo pueda atraer; entonces tengo que complementar, la belleza, lo sexy y la jocosidad para llevarme al público.
¿Es seguido por las mujeres?
Yo creo que es al revés, fíjese, las mujeres me tienen miedo porque creen que yo vivo con todas mis bailarinas… me he convertido en un mal marido para cualquier mujer porque todas están pensando que la otra es la otra.
¿Cómo le gustaría ser recordado?
Como el Rey del Chinamo, como alguien bueno, no como alguien pedante ni creído porque yo inventé la frase: Aquí estoy, pero no me las doy. ¿Sabe por qué? Porque uno avanza y cuantas veces te dan el golpe, volvés a salir adelante. Y aquí estoy y no me las doy.
¿Y cómo lo ve su propio gremio?
Muchos dicen que soy loco, pero mi productor me dice, “bueno, sos un loco, pero un loco que sabe lo que hace”. Muchas de las mujeres que he tenido me dicen: “Sos un viejo y te las das de chavalo”. ¡No es eso! Es que yo tengo que transmitir alegría, ¿dígame si usted iría a un concierto mío si yo fuera un amargado? El otro día me dice un artista: “Vos sos un payaso”. Y yo le digo: Sí, pero soy caro, así que nunca me vas a poder llevar a tu circo.
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