Historias de un “Rey”

Las luces están fijas en el escenario. Dos mujeres bailan semidesnudas al ritmo de una movida cumbia. Al centro y con micrófono en mano aparece un hombre. Los colochos de su excéntrico peinado también se mueven al ritmo de la música. Está vestido de blanco por completo. “¡Vamos todos a bailar, la cumbia de Nicaragua!”, dice mientras se pasea bailando por todo el escenario. Tiene rasgos indígenas. Es moreno, recio, de cabello largo y ojos pequeños.

En Letra Pequeña

Ahora sí, ¡se armó el relajo! Una Corte hechiza, un Consejo Supremo Electoral que no sabe contar votos y con unos abusivos que se creen todavía magistrados, diputados de mentiritas algunos, ciudadanos que se dicen contralores aunque ya no lo sean, y en vez de perseguir la corrupción se alían con ella y, orondos, exhiben sus delitos en las páginas de los periódicos. Que la Cumbia Chinamera de Gustavo Leytón sea el nuevo himno nacional y que la palabra de la Tula Cuecho se vuelva Ley… Que la gigantona y el enano cabezón sean los nuevos jueces… ¡Qué relajo! “Torcuato, por favor vaya salúdeme a mi suegra”, ordenaba hace años Firuliche a su obediente burro. “Daniel Ortega puede reelegirse”, dicen los nuevos firuliches ahora. Y tengo la impresión que el primero era más serio que los últimos.

Gustavo Leytón: “Aquí estoy y no me las doy”

Gustavo Leytón tiene 47 años y un rostro nada atractivo, tal como él mismo lo acepta. Por eso, cuando está en escenario se hace acompañar de tres bailarinas que dan mucho de qué hablar por su revelador vestuario y sensuales coreografías. “Estoy cansada y tengo pereza”, le dice una de las bailarinas a otra. “Ayer tuvimos show y terminamos a las dos de la mañana”, cuenta Leytón, a quien las muchachas le llaman “jefe”.

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