Siempre observo que muchos comunicadores emplean mal el que y el de que. ¿Qué les pasa, por qué no saben cuándo usar una forma u otra? Sinceramente no es un asunto tan fácil, hay que darle la importancia debida, ya que es un “clavo caliente” dentro de la construcción española.
Partamos de una verdad irrefutable: tanto que como de que se emplean en nuestra lengua, pero sucede que la partícula que tiene disímiles funciones y por ello a veces necesita anteponer la preposición de, y otras no, entonces se hace imprescindible refrescar ciertas estructuras gramaticales que faciliten emplear bien la combinación sintáctica que corresponda.
Con respecto a que puede aparecer como pronombre —en oraciones interrogativas, exclamativas o de relativo— o como conjunción coordinante o subordinante. Cuando tiene valor interrogativo o exclamativo se distingue no sólo morfológica y semánticamente, sino por su función sustantiva o adjetiva y las relaciones sintácticas con otras partes de la oración. Se pronuncian con una entonación diferente, se convierten en palabras tónicas.
Como pronombre relativo es átono, enlaza un antecedente sustantivo con la oración subordinada adjetiva que lo modifica. Aquí reproduce semánticamente a su antecedente y establece una relación sintáctica con el verbo de la subordinada adjetiva, desempeñando las funciones del mismo.
Cuando hay una conjunción “que”, coordinante o subordinante, su carga semántica es mínima, más aún que la de las preposiciones y su función sintáctica es hacer explícita una relación subordinante con un elemento regente.
Un ejemplo de subordinadas sustantivas encabezadas con la conjunción que: Te expliqué que me voy de vacaciones. Sin embargo, en “Tengo la esperanza de que llegará muy rápido” es subordinada sustantiva, término de la preposición “de” y modificadora del sustantivo “esperanza”.
Como complemento directo, al igual que el sustantivo, se caracteriza por la ausencia de preposición: Creo que no ha llegado.
La conjunción “que” aparece en perífrasis verbales: Tengo que viajar. En este caso se limita a enlazar el verbo auxiliar con un infinitivo, con el que forma una unidad semántica y funcional donde el verbo auxiliar pierde su significado. Este uso no permite el “de que”.
Usamos sólo que en oraciones subordinadas sustantivas que funcionen como complemento directo, pues en estas oraciones el verbo de la oración principal es transitivo, acepta y a veces exige la presencia del complemento directo. Tengo hambre.
En el caso de los verbos “tener” y “hacer”, exigen que se diga “lo que se tiene” y “lo que se hace”, o sea, necesitan un complemento directo, aunque tenemos otros verbos que unas veces pueden emplearse como transitivos y otras no, como “estudiar”.
Para que podamos distinguir fácilmente si la oración subordinada es sustantiva , veremos si se puede sustituir por un pronombre indefinido (algo) o demostrativo (esto, eso) en su forma neutra: Prefiero “que salgas hoy”. Prefiero (esto) o (algo).
Los verbos que aceptan con frecuencia una oración subordinada sustantiva en el complemento directo son: creer, considerar, pensar, decir, afirmar, confirmar, recordar y otros.
Algunos verbos aceptan los dos regímenes, como “avisar”, “advertir”, “informar”, “necesitar”. Pueden aparecer en construcciones con complementos directos. Avisar “algo” a alguien, o avisar “de algo” a alguien. Informar “algo” a alguien, o informar “de algo” a alguien. Por tal razón se acepta ambas construcciones: Necesito tu ayuda. Necesito de tu ayuda.
Una conclusión parcial a la que podemos llegar es que debe usarse la conjunción “que” sin la preposición “de” ante oraciones subordinadas sustantivas que funcionen como complemento directo del verbo de la oración principal.
Este tema es amplio y algo complicado, de ahí que lo abordaremos en dos columnas, así que el próximo martes continuaremos con el dequeísmo y el queísmo.
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