No voy a decir el nombre para no echar a nadie al agua, pero hace un par de semanas, cuando invité a un grupo de amigos de la vida real a ser mis amigos en Facebook, uno de ellos ni había terminado de aceptar la invitación cuando ya estaba llenando su perfil con nombre completo, fotos, dirección, teléfono, lugar y fecha de nacimiento, ¿perdón? ¿Fecha de nacimiento? Pero si ese tipo es mayor que yo, pensé, mejor le aviso antes que pase la vergüenza de que alguien de menos confianza se dé cuenta y publique que se está quitando la edad.
Le mandé un e-mail y a los cinco minutos respondió haciéndose el tonto, pero agradecido, y en ese instante entendí la reacción de una de mis hijas cuando le pedí amistad online hace como un año.
—Tú estás loco —fue su filial bienvenida. ¿Para qué me andes vigilando y sepas todo lo que hago?
—Ni se me había ocurrido —le contesté sinceramente sorprendido.
—Además acuérdate de que eres viejo —siguió— y Facebook es para jóvenes.
La fiebre de Facebook contagió a los viejos en 2007 y, aunque recién invade América Latina, ya comienza a amainar en Estados Unidos. Según cifras de la consultora Nielsen, la audiencia mundial de Facebook llegó en abril de 2008 a más de 22 millones de usuarios, un 50 por ciento más que en abril del año anterior. My Space, de Rupert Murdoch, ocupa el primer lugar con casi 60 millones de usuarios mensuales, y la red social que crece más rápido es LinkedIn, con cerca de 400 por ciento anual.
Más allá de cifras, Facebook y sus hermanas están cambiando las relaciones entre personas a nivel global. Todas ofrecen la opción de diseñar gratis su propio sitio web, administrar niveles de acceso a otros usuarios, crear y administrar grupos y otros dos componentes clave: envía un email de aviso a todos los amigos de la red cada vez que un usuario agrega algo, y un sistema conocido como “presencia”: cuando ingreso a Facebook veo a todos mis amigos conectados y puedo conversar con ellos usando chat.
Lo mismo ofrece la herramienta de software corporativo más exitosa que ha lanzado Microsoft en muchos años: Sharepoint. La red social interna da a los empleados libertad para crear clubes deportivos, juntarse a almorzar en la cafetería y saber qué colegas están frente a sus escritorios.
¿El gran corolario? Facebook y las redes sociales están guardando nuestros nombres, fotos, números de teléfono, libretas de contactos, la hora en que nos conectamos en el computador y la hora en que nos vamos de vuelta a casa.
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