- Latinoamérica debe prepararse para un enemigo tan anónimo como poderoso: las mentiras de las cadenas de e-mail
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Buenos Aires
Aquella mañana, quienes abrieron su correo electrónico —en lugares tan distintos como Buenos Aires y Cambridge— encontraron un mensaje singular, el cual, supuestamente, era la copia de un e-mail interno entre un coordinador y el director de una empresa con la que trataban regularmente: “Ya están todos los premios arreglados”, decía su frase esencial. Se refería a la competencia que promueve un instituto de inglés argentino, que todos los años entrega a sus 10 mejores alumnos, como premio, una beca y un viaje al Reino Unido.
El e-mail maligno llegó a los colegios privados argentinos que trabajan con la institución, a sus pares ingleses e incluso a la Embajada británica, nada menos que a las pocas horas del anuncio de la lista de galardonados. No hay que fantasear mucho para entender que, desde aquel gol de “la mano de Dios” de Diego Maradona a la selección blanca, en el imaginario de las Islas Británicas la idea de una “picardía” en el Río de la Plata les parece más que plausible. El programa fue suspendido de inmediato desde Inglaterra.
TREMENDO IMPACTO
Impactada, la empresa recurrió a Gustavo Tanus, un abogado especialista en temas de internet. “Lo que siempre hay que hacer de entrada es denunciar el hecho”, aconseja. El paso siguiente, “tratar de ver dónde se originó”. O sea, buscar todas las señales que puedan contra el peor enemigo de las empresas e instituciones desde que la red se universalizó: el anonimato.
Pero descubrir a los autores no sale fácil. Y ello es un aliciente para la expansión de los e-mails hoax, en su expresión en inglés. Si alguien puede no hacerse cargo de sus palabras, el regreso a las injurias y desmesuras de la adolescencia viene casi instantáneo. La web es el lugar donde reinan los impulsos de la adolescencia: conviven allí el altruismo y la malicia más intensos e injustificados, que se potencian hasta el delirio.
UN RUMOR TÓXICO PUEDE ACABAR CON EMPRESAS
En Brasil, por ejemplo, hace más de una década circula un mail que advierte del riesgo de contraer leptospirosis al tomar cualquier líquido contenido en una lata de aluminio. Además de fuentes médicas —falsas— que avalan el riesgo, el texto incluye casos como la muerte del padre de la modelo Daniela Sarahyba, a quien se la sindica como víctima al contaminarse por medio de una cerveza enlatada en una fiesta.
“Esa historia es una serpiente de 1,000 cabezas”, comenta casi resignado Renault Castro, director ejecutivo de la Asociación Brasileña de Fabricantes de Latas de Aluminio (Abralatas), en Brasilia. Para él, cae por su propio peso lo imposible de la denuncia: en el país se fabrican 10,700 millones de latas anualmente. Si el riesgo fuera real, Brasil tendría fuertes y recurrentes brotes de la enfermedad.
El rumor tóxico, sin embargo, sirve de justificación para proyectos de leyes estaduales o municipales que quieren colocar límites o condiciones para la circulación de bebidas en lata. Una de ellas propone obligar al uso de un “lacre” de papel aluminio, destinado a proteger las latas de la “contaminación”. Renault comenta con una sonrisa irónica: “Es una solución falsa para un problema inexistente”. Abralatas gasta tiempo y recursos bloqueando tales iniciativas en diálogo directo con parlamentarios y autoridades. Pero el “veneno” no puede ser anulado: “Todo este asunto es muy desgastante para nosotros”, confiesa. Y, por si fuera poco, “deja al consumidor confuso”.
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