- Volumen de la “e-basura” aumenta tres veces más rápido que otras formas de basura municipal
TORONTO/EFE
En un mundo que cada vez depende más de electrodomésticos y computadoras, la basura electrónica (e-basura) se ha convertido en un quebradero de cabeza que gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales quieren atajar.
Aquellos que han tenido que levantar un ordenador en alguna ocasión, saben que no es precisamente un producto liviano. Pero lo que probablemente desconocen es que de hecho un computador pesa lo mismo que un auto SUV o un rinoceronte: 1.8 toneladas.
¿Sorprendido? La Universidad de las Naciones Unidas (UNU) y el investigador alemán Ruediger Kuehr calcularon el peso en el 2004 y llegaron a esta reveladora conclusión.
En el libro Computers and the Environment, Kuehr señaló que la fabricación de un ordenador con una pantalla plana de 17 pulgadas necesita de al menos 240 kilogramos de combustibles, 22 kilogramos de productos químicos y 1,500 kilogramos de agua. En total, 1.8 toneladas de productos.
El uso de recursos en el sector electrónico es sólo parte del problema. La otra cara es la gestión de las crecientes montañas de desperdicios electrónicos.
a rediseñar productos
La Agencia Europea del Medio Ambiente calcula que el volumen de e-basura está aumentando tres veces más rápidamente que otras formas de basura municipal, al punto que pronto llegará a 40 millones de toneladas métricas, suficiente para llenar una fila de camiones que recorrería la mitad de la circunferencia de la Tierra.
Para atajar el problema, la UNU, otras instituciones, universidades de los cinco continentes y empresas como Dell, Microsoft, Hewlett Packard o Philips se han unido en la iniciativa: Solucionar el Problema de E-Basura (StEP, por sus siglas en inglés).
StEP, que será presentada hoy, pretende estandarizar los procesos de reciclado globalmente para recuperar los componentes más valiosos de la basura electrónica, extender la vida de los productos y armonizar las legislaciones y políticas.
Pero llegar al objetivo de StEP requerirá medidas legislativas, educación de los consumidores y cambios en la industria, por ejemplo, que los fabricantes se verán obligados a rediseñar sus productos para que puedan ser más fácilmente reciclados y se puedan recuperar mejor los materiales valiosos o tóxicos.