Entre hoy 1 de junio y hasta el 7 del presente mes, por mandato de la Ley 208 aprobada por la Asamblea Nacional en el año 1995 y publicada en La Gaceta en diciembre de ese año, se estará celebrando la Semana de la Niñez Nicaragüense. Los artículos 2 y 3 de dicha Ley dicen: “En esta semana, todos los Poderes del Estado, las autoridades municipales y la sociedad civil en sus diferentes expresiones, centrarán sus esfuerzos en la divulgación, defensa y aplicación de los derechos del niño y la niña. Durante esta semana en todos los colegios, instituciones de enseñanza preescolar, primaria, secundaria, técnica y universidad se impulsarán diferentes tipos de actividades de divulgación sobre la promoción, defensa y aplicación del derecho del niño y la niña…”
Así que en esta semana, como en años anteriores, está planteada la obligación jurídica y moral de buscar oportunidades para ayudar a los niños de Nicaragua. La Ley 208 fue una iniciativa de la sociedad civil, pero se fundamenta en la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, ratificada por Nicaragua e incorporada a nuestra Constitución Política en 1990. La Convención reza en su Arto. 42: “Los Estados partes se comprometen a dar a conocer ampliamente los principios y disposiciones de la Convención por medios eficaces y apropiados tanto a los adultos como a los niños”.
Aunque el discurso que promueve los derechos de la niñez es importante, hay que pasar de las palabras a los hechos. Proyectos como Ayudemos a un Niño son dignos de mención y de imitación. En nuestra edición del martes 30 de mayo se reportó que este organismo español no gubernamental apoya de manera decisiva la educación, alimentación y salud de los niños en diferentes partes del país, incluyendo León, Matagalpa y Chinandega. El gobierno de Nicaragua debería incluir partidas presupuestarias dirigidas a la creación de programas que mejoren las condiciones de nuestra niñez. Pero no sólo se puede ayudar a nuestros niños a nivel institucional sino personal. Hay familias que podrían adoptar económicamente a un niño pobre de su comunidad o de otra comunidad, financiando sus gastos de escuela o parte de ellos o contribuyendo a su alimentación o su salud.
Uno de los derechos más importantes de la niñez es el de recibir una educación gratuita de calidad, pero muchos niños nicaragüenses no pueden estudiar porque sus familias son muy pobres y tienen que trabajar en las calles. Según datos extraoficiales alrededor de un millón de niños se habrían quedado fuera de las escuelas este año. Muchos de estos niños permanecen en los mercados o en los semáforos vendiendo agua, chicles, golosinas o cualquier otra mercancía. Aunque su esfuerzo es loable, porque contribuyen al sostén económico de sus hogares, lo cierto es que a sus cortas edades trabajar para ganarse la vida no debería ser una obligación ni una preocupación. Estos niños deben estar jugando en las escuelas con otros niños de su edad; aprendiendo a leer y a sumar; preparándose para mejorar su futuro. Pero en cambio, son niños sin niñez porque demasiado temprano asumen responsabilidades que no les corresponden.
Los padres de estos niños deberían dejar de usarlos como medios de ingreso económico y, por el contrario, tienen que hacer sacrificios para enviarlos a las escuelas. No deben ser sus propios padres quienes les quiten a estos niños la sonrisa de sus rostros, con preocupaciones de adultos; ni exponer su integridad física, pues muchas veces estos niños son atropellados o sufren muchos tipos de abuso. Y en lo que respecta al Gobierno y la sociedad civil, deben buscar maneras más efectivas de ayudar a los niños a salir de las calles.
Los niños, asimismo, tienen derecho a la salud y a una alimentación adecuada. Estas cosas con frecuencia van de la mano. La desnutrición propicia enfermedades e impide un desarrollo físico e intelectual apropiado. Un niño hambriento difícilmente será un buen estudiante. Sería loable que los diputados crearan una ley para hacer obligatorio un vaso de leche en todas las escuelas primarias del sistema de educación pública nicaragüense. Muchas cosas se pueden hacer cuando existe la voluntad y se hacen los esfuerzos adecuados. Todos podemos poner nuestro granito de arena. Hay que aprovechar esta semana para pensar en formas de ayudar a la niñez nicaragüense.