Estados fallidos

Las imágenes y noticias recurrentes de sujetos encapuchados que incendian autobuses, de huelguistas que trancan calles y carreteras, de actos de corrupción, de una administración de justicia que absuelve a acusados de pertenecer al crimen organizado, etc., explican porqué Nicaragua fue incluida este año en la lista de Estados fallidos o que corren el grave riesgo de convertirse en tales.

En realidad, las imágenes e informaciones sobre hechos negativos que ocurren en Nicaragua, son más impactantes que las buenas noticias acerca de los nuevos centros empresariales y de trabajo que se abren en el país, la suscripción de convenios para el libre comercio internacional y el fomento del desarrollo, el aumento de la oferta y la afluencia turística, las innovaciones productivas de las pequeñas empresas agrícolas y artesanales, las nuevas inversiones extranjeras que se arriesgan a operar en Nicaragua, etc.

Como Estados fallidos se califica a aquellos países que por su alto grado de conflictividad, fragilidad institucional, ingobernabilidad, crisis económica, ineptitud y corrupción de su clase política, etc., han colapsado o podrían colapsar en cualquier momento. Esa clasificación la están haciendo desde el año pasado la revista norteamericana Foreign Policy (Política Extranjera) y la ONG también estadounidense Fund for Peace (Fondo para la Paz), que toman como base indicadores económicos, sociales, políticos y militares, entre los cuales figuran el grado de criminalidad pública, el desarrollo desigual, las presiones demográficas, la deslegitimación del Estado, la violación de los derechos humanos y el deterioro económico.

Por cierto que el año pasado, cuando se dio a conocer el primer ranking de Estados fallidos y en riesgo de convertirse en tales, entre los 10 países latinoamericanos que fueron mencionados (Haití, Colombia, República Dominicana, Venezuela, Guatemala, Paraguay, Perú, Honduras, Ecuador y Cuba) no se incluyó Nicaragua. Pero este año sí.

En efecto, entre los 60 países de todo el mundo considerados este año como fallidos o que podrían caer en esa situación, hay cinco de América Latina y Nicaragua está entre ellos, ocupando el número 59 de la lista. Los otros cuatro países latinoamericanos son Haití (8), Colombia (27), Guatemala (41) y Bolivia (56). Cabe señalar que en los primeros lugares de este ranking deshonroso figuran Sudán, Congo, Costa de Marfil, Zimbabwe, Irak, Chad, Somalia y Afganistán, que son las naciones más ingobernables del mundo.

En los Estados fallidos el gobierno carece de control efectivo sobre su territorio nacional, la mayor parte de la población no lo reconoce como legítimo, es incapaz de mantener la seguridad pública, tampoco garantiza el suministro de los servicios básicos y carece del monopolio del uso de la fuerza. Es obvio que Nicaragua no se encuentra en una situación tan extrema, pero la percepción internacional es que enfrenta graves problemas de ingobernabilidad, corrupción e insuficiencia económica.

Ahora bien, el hecho de que en el 2005 Nicaragua no fuera incluida en esa lista, pero ahora sí, hay que atribuirlo a la profunda crisis de gobernabilidad que sufrió el país durante prácticamente todo el año pasado, la que tuvo amplias repercusiones internacionales y sólo se pudo resolver transitoriamente gracias a la intervención o mediación de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Por otra parte en el ámbito internacional se ha difundido la percepción de que Daniel Ortega y el FSLN podrían ganar las elecciones nacionales del próximo 5 de noviembre, y que por lo tanto Nicaragua caería de nuevo en una situación de inestabilidad política, guerra y debacle económica, como la que sufrió durante el régimen sandinista de 1979 a 1990.

En Nicaragua hay un mayoritario sector empresarial, laboral, profesional y político, que con su capital y con su esfuerzo laboral e intelectual está empujando el país hacia delante, para sacarlo de la ruina en que lo dejaron el totalitarismo y la corrupción. A este sector se deben los logros obtenidos por el país en los últimos años, que son visibles en todo el ámbito nacional. Logros que serían mayores si no fuera por la corrupción que ha socavado la transición democrática y por las acciones de una minoría radical, que se empeña en hacer de Nicaragua un Estado fallido.

Editorial
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