Aún no se había apagado el eco de las encendidas protestas “patrióticas” por la supuesta injerencia del Embajador de Estados Unidos, Paul Trivelli, en la política interna de Nicaragua, cuando el Presidente de Venezuela, coronel Hugo Chávez, proclamó públicamente en Caracas, el domingo recién pasado, su “derecho” a inmiscuirse en la campaña electoral nicaragüense en favor del candidato del FSLN, por supuesto.
Por cierto que lo más interesante de la proclama injerencista de Hugo Chávez del domingo recién pasado, es que pone en su real perspectiva y de manera muy clara los objetivos de la actual injerencia extranjera en la política electoral de Nicaragua.
“Nicaragua tiene una gran importancia, vean ustedes la proyección de Nicaragua hacia el Pacífico y hacia el Caribe, su tamaño, su capacidad de impacto en Centroamérica, su historia, Sandino, su ideología, vayamos preparándonos porque es parte del avance del Alba”, proclamó Chávez, mostrando a su lado al candidato presidencial del FSLN, Daniel Ortega, a quien llevó desde Managua al parecer para exhibirlo durante su declaración intervencionista y para hacer ésta más desafiante y prepotente.
Como se sabe, el Alba (Alianza Bolivariana de las Américas), es como llama Chávez a su estrategia para unir bajo su férula a todos los países de América Latina y el Caribe, en un proyecto económico, político y militar dirigido contra Estados Unidos y para imponer el llamado “socialismo del siglo XXI” que preconiza el beligerante Presidente venezolano.
Pero eso, una cabeza de playa para la expansión de un movimiento revolucionario y socialista, es lo mismo que se pretendió hacer de Nicaragua después que triunfó la revolución sandinista encabezada por Daniel Ortega, el mismo que ahora quiere volver a ser Presidente respaldado por los petrodólares de Chávez. La diferencia es que en aquel entonces el liderazgo de la expansión revolucionaria lo desempeñaba Fidel Castro, con el respaldo de la extinta Unión Soviética y otros países comunistas, y ahora lo ejerce Hugo Chávez financiado con los fabulosos ingresos de la producción petrolera de Venezuela.
Incluso las palabras que se usaban en aquel tiempo para justificar la expansión del comunismo en Centroamérica y el Caribe, son las mismas que ahora usa Chávez con idéntico propósito. Es decir, el mismo cuento de que no se trata de una intervención sino de la “solidaridad” con el pueblo de Nicaragua.
“Yo creo que el Presidente de Nicaragua no tiene por qué objetar lo que está haciendo la revolución bolivariana, porque una cosa es la solidaridad y otra cosa es la injerencia; y actualmente en Nicaragua hay una injerencia abierta del gobierno norteamericano tratando de unir a la derecha para evitar el triunfo del sandinismo y están invirtiendo millones”, dijo Hugo Chávez el domingo recién pasado para justificar su intervención en la campaña electoral nicaragüense, de acuerdo con la información publicada en LA PRENSA ayer lunes 24 de abril corriente.
Ciertamente, los procedimientos pueden haber cambiado pero el objetivo es el mismo: someter a los pueblos latinoamericanos y del Caribe a la esclavitud comunista, populista, bolivariana, sandinista o como sea que le quieran llamar y encubrir en cada país. Y la gran ventaja que tiene o cree tener Chávez, con respecto a Fidel Castro, es que Cuba en vez de poseer recursos económicos para exportar la revolución tenía más bien necesidades y era financiada por la URSS y los demás países comunistas; por eso, cuando el régimen comunista de Cuba convirtió a Nicaragua en una especie de neocolonia comunista, fue mucho más lo que sacó de este país que lo que le dio por medio de la “solidaridad internacionalista”. En cambio, Chávez tiene a su disposición decenas de miles de millones de petrodólares que le permiten comprar su liderazgo revolucionario, bolivariano y socialista.
De manera que un triunfo electoral de Daniel Ortega en Nicaragua representaría no sólo la victoria de la revolución sandinista, nuevamente, sino también el triunfo de la revolución bolivariana de Hugo Chávez. Y eso significaría la reimplantación de un sistema económico que ya fracasó, la supresión de las libertades públicas e individuales como ya la sufrimos antes, y el regreso del militarismo y la guerra, porque otra vez Estados Unidos no permitiría la expansión de esa aventura revolucionaria desde Nicaragua.
Sin embargo esa gran desgracia se puede evitar votando por la democracia el próximo noviembre.