Humanismo naturalista vs. cristianismo

Pablo Sanabria

El humanismo puede ser definido en términos generales como la filosofía que promueve la dignidad del ser humano. Sostiene la suficiencia de la razón para la autorrealización y la creación de condiciones óptimas de existencia y convivencia. Sin embargo, cuando a la palabra “humanismo” se agrega el adjetivo naturalista, el concepto general cambia sustancialmente y se vuelve más específico.

El humanismo naturalista es un punto de vista monista de la realidad, es decir, cree en la existencia de una sola dimensión de la realidad: la realidad material. En otras palabras, lo único real es lo que podemos percibir con nuestros sentidos. Por lo tanto, el humanismo naturalista es antropocéntrico, es decir, ubica al hombre en el centro del universo y rechaza la existencia de Dios y de conceptos espirituales tales como el cielo, el infierno, los ángeles o los milagros, pues estos últimos implicarían una suspensión del orden causa-efecto que según ellos es la única explicación razonable de las cosas que ocurren en la vida.

El humanismo naturalista presenta al hombre como resultado de un proceso cósmico accidental. De ahí que la frase misma sea una contradicción de términos. El naturalismo no puede ser humanista porque más bien degrada al ser humano al nivel de todas las especies.

El cristianismo sí es humanista en el sentido general del término porque eleva la dignidad del ser humano por encima del resto de la creación, promueve la conducta ética y la naturaleza sagrada de la vida humana. Contrariamente al humanismo naturalista, el cristianismo afirma la existencia de un Dios que es espíritu, personal y bueno, creador del universo en cuya cúspide se encuentra el ser humano. El cristianismo es un punto de vista que reconoce además del mundo material, la existencia de realidad invisible, espiritual, suprasensible.

La diferencia entre estos dos puntos de vista radica esencialmente en su manera de ver el origen del universo. Para el humanismo naturalista, éste vino de la nada, existió siempre y existirá siempre, es decir, atribuye eternidad a la materia, la cual, dice, no se crea ni se destruye sino que sólo se transforma. La evolución de la materia, según la filosofía naturalista, creó la especie humana.

Sin embargo, la eternidad de la materia ya es científicamente discutible con base en el Principio de la Degradación de la Energía conocido también como la Segunda Ley de Termodinámica. Así como el sol se está apagando y un día se quedará sin energía, el universo entero, compuesto de energía, se va a apagar.

La teoría del Big Bang, la cual dice que el universo vino a existir después de una gran explosión cósmica, en realidad confirma la tesis de la naturaleza finita de la vida material. Por su parte, el cristianismo atribuye eternidad únicamente a Dios, el ser espiritual que creó el universo, esa Persona infinita que hizo al hombre y la mujer a su imagen y semejanza a los cuales dio características que reflejan su divinidad.

Asimismo, el humanismo naturalista niega que los valores en la naturaleza y en los seres humanos provengan de fuera de él. El universo no es bueno ni malo, bello o feo. Estas son sólo categorías humanas subjetivas. Como tales varían de una a otra persona según las circunstancias.

El cristianismo, en cambio, enseña que los valores y la personalidad son anteriores a la existencia del universo, pues estaban en Dios antes de que el universo fuese. En Dios hay verdad, belleza, moralidad, orden, cooperación, interdependencia, etc. antes de la creación.

No son los valores los que dependen del universo sino todo lo contrario, es el universo el que depende de los valores. Dios creó al hombre y le dio razón, inteligencia, espíritu, personalidad, libertad y moralidad.

Los estándares de verdad, belleza y moralidad existían en el Creador antes de que el universo fuera creado. La recuperación de esos estándares es lo único que nos acercará a Dios y a la creación de un mundo mejor y más humano.

El autor es abogado

Editorial
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