Las primarias del PLC

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Las primarias del PLC





Con su característica o indecisión política, el candidato presidencial de la Alianza Liberal-PC, Eduardo Montealegre, no respondió de inmediato a la propuesta del PLC de someterse a una elección primaria con los ocho precandidatos de este partido, y con José Antonio Alvarado de la Alianza por la República (Apre), para escoger a la persona que represente a todas las fuerzas democráticas del país en la elección presidencial del próximo 5 de noviembre.

Eduardo Montealegre, quien según las encuestas se perfila como el principal candidato presidencial de las fuerzas políticas democráticas y no sandinistas, se refirió públicamente a la propuesta del PLC sin aceptarla ni rechazarla, y señaló que esperará los resultados de las elecciones regionales de la Costa Atlántica, del próximo 5 de marzo, para pronunciarse al respecto de manera concreta y definitiva.

Pero, ¿por qué Eduardo Montealegre tiene que esperar hasta que pasen las elecciones regionales del Atlántico para dar a conocer una respuesta tan sencilla? ¿Acaso no es evidente que la propuesta de primarias ha sido hecha desde la hacienda El Chile —donde está el puesto de mando político del PLC— precisamente para reafirmar la hegemonía de Arnoldo Alemán sobre ese partido y restregarla en la cara de los nicaragüenses y del mismo Eduardo Montealegre? ¿Y no es visible también que esa propuesta de primarias del PLC, elaborada y lanzada desde El Chile, es una es una trampa para abortar la posibilidad de triunfo de una alternativa democrática al pactismo libero-sandinista de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega Saavedra?

Los seguidores de Arnoldo Alemán están tratando de venderle a los nicaragüenses democráticos la idea de que igual que en las elecciones de 1996 y del 2006, el PLC es el único partido que tiene la organización y la fuerza suficiente para derrotar una vez más al FSLN de Daniel Ortega en la próxima elección presidencial. Inclusive, en ese empeño la semana pasada la plana mayor del PLC registró en el Consejo Supremo Electoral las supuestas 13,665 juntas directivas que según ellos representan a unos 200 mil militantes de dicho partido. Si eso fuera cierto, significaría que un tres por ciento de toda la población de Nicaragua está afiliada al PLC, mientras que, para dar un ejemplo comparativo, en Brasil el gubernamental Partido de los Trabajadores (PT) del presidente Lula da Silva reconoce tener 800 mil militantes que equivalen al 0.4 por ciento de la población brasileña de más o menos 180 millones de personas.

Pero la exageración impresionista de los líderes del PLC no es desmentida sólo por esa comparación con Brasil, sino también por el hecho visible y comprobado de grave deterioro numérico, político y moral que ha sufrido dicha organización política como consecuencia de la desmesurada corrupción que hubo en el gobierno de Arnoldo Alemán; y por su posterior entrega al FSLN mediante el pacto libero-sandinista del año 2000 y su renovación y reafirmación del año pasado. Dicho deterioro se ha puesto de manifiesto de manera incontrovertible con la catastrófica derrota que sufrió el PLC en las elecciones municipales del 2004, en las que perdió 40 de las 94 alcaldías que había ganado en el año 2000, así como casi todas las cabeceras departamentales que controlaba hasta entonces; y además, la grave decadencia del PLC se ha demostrado con el registro de las encuestas independientes, las cuales revelan que hay un rechazo al partido arnoldista de hasta el 70 por ciento de la población nicaragüense.

Aseguran los liberales arnoldistas que si los demás partidos y candidatos adversarios del sandinismo no se sometieran al PLC, y presentaran una candidatura presidencial independiente, dividirían a las fuerzas democráticas y facilitarían el triunfo de Daniel Ortega y el FSLN en las elecciones del próximo noviembre. Pero, ¿por qué no plantear y considerar el caso al revés? Es decir, ¿no será que lo que quieren es precisamente terminar de facilitarle el camino a Ortega y al FSLN, con la presentación en las elecciones de noviembre de una sola candidatura montada en el deteriorado y desprestigiado carro del PLC? ¿No será esa la segunda etapa de la entrega de Arnoldo Alemán y el PLC a Daniel Ortega y el FSLN, después que ya le rebajó el umbral electoral al 35 por ciento y le entregó el control de más de la mitad de los poderes del Estado?

La gente sana que sin duda queda y hay en el PLC debería convencerse de que sólo podrían recuperar las viejas glorias de su partido, si se decidieran a sacudirse la tutela caudillista de Arnoldo Alemán y su camarilla; de que el PLC, sólo desalemanizándose podría ser parte de una alternativa electoral genuinamente democrática, y posiblemente hasta encabezarla.

Editorial
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