Luis Sánchez Sancho
Estigia era una de las Titáni-des, hija de Océano (que según Homero era el principio de todas las cosas, incluso de los mismos dioses) y de la ninfa marina Tetis, que también fue madre del héroe Aquiles, el súper guerrero de los ejércitos griegos que invadieron Troya y la destruyeron. Estigia se casó con el titán Palante y con éste procreó a Zelo (Rivalidad), Nice (Victoria), Cratos (Poder) y Bía (Violencia).
Cuando los Titanes se rebelaron contra los dioses del Olimpo, Estigia y su familia no los apoyaron. Por el contrario, ella fue la primera de los inmortales que acudió, con su familia, en defensa de Zeus y demás divinidades olímpicas. Por eso, cuando los titanes fueron derrotados, Zeus agradecido con Estigia le rindió honores y le concedió múltiples dones, entre otros el de ser el nudo sagrado de las promesas, los juramentos y los compromisos, facultándola para castigar de la manera más severa los incumplimientos de aquéllos.
A partir de entonces toda promesa, juramento y compromiso debían hacerse en nombre de Estigia, para lo cual los dioses extendían una de sus manos sobre la tierra y la otra sobre el mar. Y cuando alguno de los dioses faltaba a su promesa, compromiso o juramento, y por lo tanto abjuraba de Estigia, ella lo condenaba sin contemplaciones de ninguna clase a permanecer en posición yacente, sin espíritu ni voz, sin respirar ni probar ambrosía ni néctar —que eran la comida y la bebida con la que se alimentaban los dioses y les proporcionaban la inmortalidad— durante el lapso de un año. Luego, tras el año de permanencia en esa especie de limbo, la divinidad castigada era excluida durante otros nueve años de participar en las reuniones y banquetes de los dioses —ya fuesen en el Olimpo o en cualquier otro sitio—, a los que sólo se podía volver hasta después de diez años.
En virtud de ese poder, Estigia (voz derivada del griego Styx que significa odioso o repugnante, aunque según otros deriva del vocablo Stagma, que quiere decir gota de líquido y más exactamente la que se va destilando poco a poco, y de allí las palabras estalactita y estalagmita), se convirtió en el río y la laguna del mismo nombre que discurre hacia el Infierno y lo rodea.
Como se sabe, para los antiguos griegos el Infierno no era el sitio de castigo eterno que es para los católicos, sino el lugar a donde debían ir los muertos para ser juzgados. Para llegar al Infierno era indispensable cruzar las aguas heladas de la Estigia, lo que sólo se podía hacer en la barca de Caronte (el siniestro hijo de Aqueronteo —uno de los ríos cuyas aguas iban al Infierno— y de la Noche), quien sólo admitía las almas de los muertos que habían sido sepultados y mediante el pago de una o dos monedas de oro que al morir les debían ser colocadas en la boca o en los ojos. El alma del muerto que no cumplía esos requisitos tenía que vagar eternamente, lamentándose sin cesar, por las orillas de la Laguna Estigia.
Las aguas de Estigia tenían el poder de dar inmortalidad a quien pudiese bañarse en ellas. Por eso Tetis sumergió en sus aguas a su hijo Aquiles, para hacerlo inmortal, pero como debió asirlo de uno de los talones éste quedó mortal, y allí se clavó la flecha envenenada que le disparó París durante la Guerra de Troya, matándolo en forma instantánea.