La palabra del profeta como ejemplo

Marlon José Navarrete Espinoza

“El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates todos los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes”. Isaías 57, 6-8.

La anterior cita bíblica es un mensaje directo de Dios al profeta y ciertamente es muy exigente en cuanto a lo que el señor espera que nosotros hagamos y que realmente resulte de su agrado, pero esta palabra del profeta, que es palabra de Dios puede tomarse como un compendio de las obras de misericordia que proclama la Iglesia en su catecismo universal.

En nuestro país, en nuestra América y en nuestro mundo actual; convulsionados por la violencia, el terror y la miseria, estas palabras son como un rayo que golpea las conciencias y son un claro llamado para seguirlas de ejemplo.

Estas palabras nos obligan a reflexionar y deberían hacer recapacitar sobre todo a quienes tienen el poder ya sea político o económico. Para los nicaragüenses, que llevamos décadas esperando tiempos mejores y que siempre hemos caído en el engaño de las promesas vacías, no debemos olvidar nuestra propia responsabilidad individual para con nuestros semejantes, nuestra familia y nuestro país, pero sobre todo con nuestro Dios.

Para aquellos que se llenan la boca hablando a favor de los pobres, los marginados y los desposeídos con sendos y encendidos discursos que rayan en la demagogia, deben recordar que desde hace miles de años Dios tuvo la primera palabra en defensa de los que sufren a través de los profetas y hoy de su iglesia y que la formamos todos los creyentes.

Pero es no estoy de acuerdo en darles un voto de confianza a quienes fomentan el odio entre las clases sociales y explotan la lucha por justas demandas para crear una confrontación que elimina la paz y la estabilidad del pueblo en donde también polarizan de manera irreconciliable a la gente, llegando al extremo de respetar al que piensa diferente y acariciando un estallido social donde se derrame sangre de inocentes. No creo en una revolución que destruye la vida de las personas y en nombre del partido confunden desacuerdo con traición o deslealtad.

Tampoco estoy de acuerdo con quienes por codicia o por avaricia aumentan las desigualdades sociales, haciendo más ricos a los pudientes y cada vez más pobres a los menos favorecidos despojándoles de la oportunidad de superarse como personas y tener una vida digna. Estas personas hacen a un lado la compasión, la solidaridad y la caridad porque el dinero es su Dios.

No creo que se le deba dar oportunidad a ninguna ideología política que suprima abierta o veladamente las libertades y los derechos individuales irrenunciables de todas persona, que restrinja las garantías ciudadanas por intereses dictatoriales ni en un sistema que diseñe un camino a la guerra con falsos argumentos de perdón y reconciliación sin primero haber justicia Isaías nos muestra el camino que Dios nos señala en su palabra Divina.

El autor es ingeniero

Editorial
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