Luces de mis días que ungieron mi existencia con su ser, siempre las siento en mi corazón yaciendo como antes en mi pecho. En las ruidosas mareadas de mi adentro no hay otro lugar más grato para descansar que el solo espacio en que habitan sus recuerdos. En mis tardes, noches y mañanas veo la silueta de los angelus que acariciaban el boscoso pelaje de mi cerviz; las siento llegar a pasitos lentos e inocentemente tropezar con mi cuerpo, pero ya no son mis niñas de carne y hueso sólo es su risa la que me ha quedado inundándome el pecho.

A mis ángeles   Silma Zamora A mis ángeles   Silma Zamora Luces de mis días que ungieron mi existencia con su ser, siempre las siento en mi corazón yaciendo como antes en mi pecho. En las ruidosas mareadas de mi adentro no hay otro lugar más grato para descansar que el solo espacio en […]

A mis ángeles

 

Silma Zamora



A mis ángeles


 



Silma Zamora



Luces de mis días

que ungieron

mi existencia con su ser,

siempre las siento

en mi corazón

yaciendo como antes

en mi pecho.

En las ruidosas mareadas

de mi adentro

no hay otro lugar

más grato para descansar que el solo espacio

en que habitan sus recuerdos.

En mis tardes, noches

y mañanas

veo la silueta de los angelus que acariciaban

el boscoso pelaje de mi cerviz;

las siento llegar a pasitos lentos e inocentemente tropezar con mi cuerpo, pero ya no son mis niñas de carne y hueso

sólo es su risa

la que me ha quedado

inundándome el pecho.

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