Mario Sandoval Aranda*[email protected]
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Los históricos cerros masayas, El Coyotepe y La Barranca
Mario Sandoval Aranda*
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El Coyotepe y la Barranca son dos pequeños cerros situados a la entrada de Masaya, al norte. Estos cerros son los centinelas de la ciudad, los faros que simbolizan nuestra libertad, representan el honor nacional.
Como consecuencia de nuestras luchas intestinas, el presidente conservador Adolfo Díaz, para mantenerse en el poder contra la voluntad del pueblo, violando nuestra sagrada soberanía pidió al Presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft, la intervención armada. 1,400 infantes y mil marinos hollaron nuestro sagrado suelo. El Coyotepe y La Barranca fueron los últimos reductos defensores de nuestra querida Patria.
Hace 93 años, en la madrugada del 4 de octubre de 1912, las fuerzas interventoras yankees iniciaron el ataque a El Coyotepe. Abajo emplazaron los cañones que vomitando fuego ensordecían y hacían temblar la tierra como volcanes en erupción, y al hacer impacto en los cuerpos de los patriotas volaban destrozados por los aires. Esto en términos militares lo llaman ablandamiento.
El ataque fue dirigido por un regimiento completo, dividido en tres batallones bajo la dirección del coronel Joseph Pendleton. El mayor McKelvy comandaba el primer batallón por el centro; el tercer batallón colocado a la derecha, comandado por Pendleton, y el segundo batallón al mando del capitán Buttler por la izquierda, atacando en el llamado movimiento de pinzas.
A las cinco y treinta de la mañana iniciaron el ataque por la escarpada cima, al amparo de los matorrales. Adelante iban las columnas exploradoras sus Springfield sin cesar, protegidos por una lluvia de balas de las ametralladoras Colt, de 50 milímetros, que iban detrás sembrando la muerte. Los defensores de la ciudad, de la libertad y del Honor Nacional, con rifles y ametralladoras viejas y mal entrenados sólo impulsados por el amor patrio, enfrentaron el feroz ataque. Ya al terminar la batalla cuando trataban de salvar sus preciosas vidas, no por cobardía, sino por no tener municiones, eran masacrados por las balas asesinas de los agresores. Estos héroes anónimos fertilizaron con su heroica sangre El Coyotepe, como ejemplo a las futuras generaciones para que ningún Presidente vuelva a pedir intervenciones y ningún extranjero ose mancillar nuestra sagrada tierra soberana.
La batalla fue una carnicería, un holocausto, con 163 muertos nuestros por 18 yankees, sin contar los heridos y muertos después. Al llegar a la cima paseándose triunfantes izaron la bandera de los Estados Unidos encontrando al coronel Isidoro Díaz Flores, tercero en mando después de Salvador Sobalvarro y el general Benjamín Zeledón con su ayudante Antonio Flores, con los rifles sembrados, pues su otro ayudante Rosalío Zeledón estaba muerto. Zeledón iba a Jinotepe buscando pertrecho y en el camino murió en un enfrentamiento. Al preguntarle Buttler por qué no se rendía contestó: “Porque tenía municiones”. Admirado por su valor y patriotismo Buttler ordenó que le rindieran honores por su heroísmo pasando junto con Antonio Flores en medio de dos filas de soldados que al pasar se cuadraron, pues según dijo así se acostumbraba entre ellos. Traído preso los escaparon de matar Carlos Peña y otro, evitándolo su carcelero Manuel Miranda (a) “Gavilán”. Siendo vejado con don Carlos Abaunza y los doctores Leopoldo Ramírez Mairena y Ricardo Alduvin, yerno de don Goyito Abaunza y otros. Según memorias del coronel Díaz.
Esta batalla se libró en la guerra del general Luis Mena, conservador, aliado con el general Benjamín Zeledón, liberal, contra el gobierno de Adolfo Díaz, llamado vende patria. Masaya era el último bastión, sitiada por el ejército conservador, como no podían entrar por la fiera resistencia liberal en El Coyotepe y La Barranca, que no dejaban pasar los trenes con refuerzos, entonces el coronel Pendletón decidió atacar El Coyotepe, porque cayendo, caía La Barranca y poder entrar a Masaya, lo cual lograron, sometiendo a Masaya a la más cruel represión con incendios, saqueos, violaciones y matanzas por el ejército del gobierno, llamado “caitudos”.
Ahora, a los 93 años, otro conservador, el presidente Bolaños, en una actitud antipatria está pidiendo la intervención de los Estados Americanos (OEA), para poder sostener su gobierno “yoquepierdista”, sin resolver.
Decía Pericles: “Cuando un gobernante no sabe gobernar, es porque Dios no le ayuda”. Reflexionemos. No dejemos que el odio y las ambiciones políticas nos cieguen, busquemos la reconciliación mediante el Diálogo Nacional. Recordemos a nuestro Rubén Darío en su filosófico poema PAX, cuando dice: “No; no dejéis al odio que dispare su flecha, llevad a los altares de la paz, miel y rosas. Paz a la inmensa América. Paz en nombre de Dios”.
* El autor es historiador liberal