Psique

Luis Sánchez Sancho

Psique (Alma) era un ser mortal, una princesa, pero tan bella que parecía una diosa. Realmente Psique era tan hermosa que se atrevió a compararse con Afrodita, la diosa del amor.

Afrodita, indignada por semejante osadía, le pidió a Eros, su hijo —el que mediante un flechazo hacía que una persona se enamorase de otra—, que indujera a Psique a enamorarse de la más horrible de las criaturas existentes. Eros quiso cumplir la orden de su madre, pero al ver a Psique se atolondró tanto con su hermosura que accidentalmente se flechó a sí mismo.

De manera que al quedar perdidamente enamorado de Psique, Eros pidió a Afrodita permiso para casarse con aquella. Y fueron tantos sus ruegos que Afrodita aceptó que se uniera con Psique, pero bajo la condición de que ésta no conociera su identidad.

Entretanto, los padres de Psique, preocupados porque nadie se enamoraba de ella a pesar de su incomparable hermosura, fueron a consultar al Oráculo de Apolo, en Delfos, donde la pitonisa les indicó que su hija se casaría con una serpiente y que para eso debían llevarla a lo alto de una montaña. Así lo hicieron, y cuando Psique quedó sola, Céfiro, el dios del viento del sur, hijo de Eolo y de Aurora, la condujo suavemente hacia el palacio de Eros donde siempre sonaba una música maravillosa y la novia fue atendida por ninfas encantadoras. Y en la noche Eros se introdujo en el lecho de Psique, sin que ella pudiese verle rostro debido a la oscuridad y consumó apasionadamente su amor. Después, cada noche Eros llegaba a unirse con su amada a quien le hizo jurar que jamás intentaría mirarle el rostro.

Pero la curiosidad fue más fuerte que el juramento, y una noche, cuando Eros se quedó dormido después de una ardiente jornada amorosa, Psique encendió una lámpara y miró el hermoso rostro de su amante, quien despertó sobresaltado y voló fuera del palacio, después de decir a la imprudente muchacha que jamás volvería a verlo.

Psique, que se había enamorado de Eros, lo buscó por todas partes y rogó a Afrodita que le permitiera recuperarlo. Entonces Afrodita envió a Costumbre —una de sus damas de compañía— para que llevara a Psique ante su presencia, pero sólo para regañarla severamente por el atrevimiento que había tenido de compararse con ella. Después Afrodita puso a Psique en manos de otras dos de sus damas de compañía, Tristeza y Soledad —las que acompañan siempre al amor de manera inseparable e inevitable—, para que la hicieran sufrir todavía más. Finalmente, Afrodita mandó a Psique a realizar varias tareas excesivamente duras y humillantes, que sin embargo la joven cumplió dócilmente, con la esperanza de volver a encontrarse con su amado.

Por el inmenso amor que sentía hacia Psique, Eros le ayudó a cumplir las penosas tareas impuestas por Afrodita y le pidió a la asamblea de los dioses del Olimpo que tuvieran compasión de él y de su inmenso amor por Psique y que le permitieran reunirse con ella. Y tanto querían los dioses a Eros que no pudieron negarse a su petición, así que ordenaron a Hermes que llevara a Psique al Olimpo donde le dieron a beber el néctar y a comer la ambrosía (la bebida y la comida de los dioses), para hacerla inmortal.

Y así fue que Eros (el amor) y Psique (el alma) pudieron unirse para siempre y de aquella unión amorosa nació Deleite, el hijo preferido del amor y del alma.

Editorial
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