Mauricio Mendieta Herdocia
La memoria de mi padre Constantino Mendieta Rodríguez, y mi fiel comportamiento a través de años, apegado a principios éticos y morales, que también me enseñó mi padre, y el no tener un pasado del cual pueda avergonzarme, sino enorgullecerme, me da autoridad y solvencia moral suficiente para mantener, defender principios, y expresar con firmeza y sin ambigüedades mi pensamiento.
Me llama don Álvaro Somoza (“El gobierno de Luis Somoza”, LA PRENSA, 26 de julio, 2005) “aspirante político”. Si político es decir lo contrario de lo que se piensa y obedecer ciegamente lo que dice el “ líder”, entonces no soy político. Si político es aspirar al poder o a un cargo de responsabilidad en la administración pública, para enriquecerse a costa del erario público y en detrimento de los intereses económicos de las clases menos favorecidas, tampoco soy político.
Mi único “afán ambicioso” es ayudar a construir el país que la mayoría de los nicaragüenses hemos anhelado. Soy nuevo en política, pero viejo en el sueño de querer una Nicaragua mejor para todos. No soy, ni quiero ser un político de profesión, soy un profesional de la medicina con conciencia política, participando en ella por convicción, no por necesidad. Quiero ser un factor de ayuda para la gente y para nuestro país. La vocación de servicio ligada a mi profesión médica, me permite actuar con verdadero y sincero compromiso, pues considero que la política debe ser un instrumento al servicio del bien común.
Mi padre fue Viceministro de Salud en el gobierno de don Luis Somoza, y Senador de la República en el último gobierno de la dinastía, pero nunca utilizó esas posiciones para beneficio personal. Muy por el contrario, esos cargos le brindaron, y así lo hizo, la oportunidad para servir a los demás.
A como don Álvaro muy bien señala, existieron muchas personas honorables además de mi padre, que sirvieron en los diferentes gobiernos somocistas, a los cuales puedo agregar a los ya mencionados por él, personalidades como Alejandro Montiel Argüello, Felipe Rodríguez Serrano y Roberto Incer Barquero, a como participaron en el corrupto gobierno de Arnoldo Alemán y en la dictadura sandinista, personas también honorables como Emilio Álvarez Montalván, Eduardo Montealegre, Mariano Fiallos Oyanguren y Carlos Tünnermann, respectivamente; sin embargo, su presencia y participación desafortunadamente no fue suficientemente para cambiar las conductas y acciones de todos esos gobiernos y encauzarlos por senderos democráticos, de honestidad y transparencia.
Don Álvaro está mal informado y le aclaro: estudié medicina junto con mi hermano Edwin en Brasil. La “fuente” de nuestras respectivas educaciones universitarias fue producto del bolsillo honrado de mi padre. Nuestro post grado en cirugía plástica y ginecoobstetricia, respectivamente, lo realizamos en la ciudad de México, gracias a la generosidad del Ministerio de Salud y al Seguro Social de ese hermano y querido país.
Desafortunadamente para don Álvaro no se puede cambiar la historia, ni pueden los actores políticos del orteguismo y del arnoldismo ocultar los signos evidentes de que “el pacto es una expresión neosomocista”, sustentada con argumentaciones expresadas en mi artículo de opinión que se publicó el 19 de julio, en esta misma sección.
No cambio ni cambiaré mi libertad de expresar lo que pienso, por beneficios o intereses personales, ni mi dignidad por regalías o prebendas, de ningún tipo. Me mantendré erguido y orgulloso de pensar y actuar como soy.
El autor es médico y directivo del partido Apre.