Manuel Guzmán
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Nuevos bachilleres
Manuel Guzmán
Soy maestro que enseñó en las escuelas primarias a leer y escribir con el método silábico, global y el método fonético (método de lecto- escritura cubana) lo cual representa para mí una experiencia alfabetizadora que me da conocimiento para opinar sobre el proyecto alfabetizador que pretende aplicar el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) con los futuros bachilleres.
Como es del conocimiento público, recientemente el MECD, orientó a los institutos de educación media una normativa, mediante la cual se norma que todo bachiller para otorgarle el diploma de bachillerato necesariamente tiene que alfabetizar a un adulto para este año y los bachilleres del 2006 tienen que alfabetizar a dos adultos.
A simple vista, la intención del MECD es buena, porque pretende reducir el índice de analfabetismo en el país, sin embargo este sano propósito se enfrentaría con una serie de inconvenientes que abortarían su intención.
Veamos: enseñar a leer y a escribir es una habilidad que no todo maestro domina, ya no digamos estudiantes que ignoran por completo esta metodología y con talleres de capacitación a la ligera no creo que los resultados sean optimistas.
Otro inconveniente es que los estudiantes van a realizar esta tarea por obligación y no por voluntad, lo cual es desmotivador para que ellos se integren con entusiasmo.
Obviamente que los muchachos van a hacer todo lo posible, pero los resultados van a ser inverosímiles y románticos a menos que alfabeticen alumnos semialfabetizados.
No sé si esta acción alfabetizadora del MECD es producto de la campaña escandalizante en Nicaragua. Antes de la década de los ochenta, el analfabetismo en el país era muy alto, debido a que la cantidad de escuelas en el campo eran muy pocas y el niño campesino alcanzaba la edad adulta sin saber leer y escribir.
Sólo para citar un ejemplo de esa época, en el municipio de Yalagüina, habían seis escuelas rurales y desde la década de los ochenta hasta la actualidad todas las comunidades rurales tienen escuelas, lo cual evita que el niño o niña en la edad adulta sea analfabeto o analfabeta.
Todo lo anterior es un marco de referencia para enfatizar que el analfabetismo es bastante bajo en personas menores de cincuenta años y es sumamente difícil que el grueso de personas campesinas mayores de esa edad estén anímicamente motivadas para pretender aprender a leer y escribir.
Una técnica del MECD me expresaba que entonces los resultados alcanzados en la Cruzada de Alfabetización con gente incluso mayores de 73 años fueron inflados, a lo mejor, pero el caso es que la alfabetización en los ochenta obedecía más a un proyecto político con implicancia pedagógica (palabras del comandante Bayardo Arce) porque el propósito en ese momento era explicarle al campesino porque se había derrotado a Somoza y cuales eran los objetivos de la revolución.
En mi modesto criterio considero que hubiese sido mejor implementar por medio de los futuros bachilleres una jornada evangelizadora a favor del medio ambiente y la protección de las fuentes de agua.
El autor es profesor.