¿Cuáles demócratas?

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¿Cuáles demócratas?






Según se asegura en los medios políticos del país, la llegada a Nicaragua del embajador estadounidense en misión especial, Oliver Garza, para mientras viene el nuevo Embajador de Estados Unidos, es con el propósito de presionar al PLC a que ponga fin al pacto con el Frente Sandinista, y para que se una con los partidos políticos democráticos a fin de impedir que el FSLN de Daniel Ortega triunfe en las elecciones del próximo año y vuelvan a arruinar el país.

Pero las cosas no son tan sencillas como las pintan quienes aseguran que el PLC y demás partidos llamados “democráticos”, se unirán para enfrentar electoralmente al FSLN, sólo porque así lo dispone el gobierno de Estados Unidos. La política, inclusive en la forma ordinaria que se practica ahora en Nicaragua, no funciona de una manera tan simple y plana. Si así fuera el PLC no estuviera hundido hasta el cuello en el pantano del pacto con Daniel Ortega y el FSLN, pues desde hace mucho tiempo y de múltiples maneras el gobierno de Estados Unidos le ha hecho saber su repudio y hasta lo ha castigado impidiendo a prominentes liberales arnoldistas señalados como corruptos, que ingresen a territorio estadounidense.

Por otro lado, es muy difícil creer que los representantes del gobierno de Estados Unidos pretendan en realidad unir, con los pactistas corruptos, a los partidos y organizaciones sociales democráticos que se han rebelado cívicamente contra el pacto y la corrupción. Esto es imposible. Como aseguran algunos observadores políticos, en Nicaragua ahora la línea divisoria política no pasa entre democracia y sandinismo en términos generales, sino entre honestidad y corrupción, entre institucionalidad democrática y pactismo, entre justicia independiente y venalidad de magistrados y jueces partidistas, en fin: entre pactistas libero-sandinistas y fuerzas democráticas.

Estados Unidos debe tener esto completamente claro, puesto que su Secretario de Estado Adjunto para el Hemisferio Occidental, Roger Noriega, en la entrevista exclusiva que brindó a LA PRENSA y que publicamos en nuestra edición del jueves 21 de julio corriente, señaló de manera clara e inequívoca que “aquellos elementos en el Partido Liberal (Constitucionalista, PLC) que parecen estar más comprometidos con la corrupción que con cualquier principio político, aquellos elementos del Partido Liberal que conspiren con los sandinistas para evitar la destrucción (de misiles portátiles, los Sam-7) que representan una amenaza al público viajero, están demostrando que ellos no aprecian la relación con Estados Unidos, y que están dispuestos a arriesgar una relación importante por un interés de corto plazo, estrecho”. Y agregó Noriega: “No tenemos nada en contra de los principios liberales, de ese partido, y quizás, las filas de ese partido y quienes los financian necesitan sacar al partido de los intereses estrechos, corruptos, que parecen verlo como una propiedad personal.

Por su parte la ex embajadora de Estados Unidos en Nicaragua, Barbara Moore, había expresado en sus declaraciones también exclusivas para este Diario, publicadas el viernes 15 de julio, que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) debe ser “sanado de corruptos para ser considerado un partido democrático”. Aclaró la señora Moore que “no ve probable en este momento que el PLC haga parte de una alianza democrática no sandinista, pero dijo que sí es posible y es deseable”. Y aseguró la diplomática estadounidense que “el principal peligro de la democracia nicaragüense es el pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, por considerarlo “fundamentalmente antidemocrático”. “Y todo lo que fluye de ese pacto no representa los intereses del pueblo”.

En realidad, no se puede ser democrático y al mismo tiempo pactista y corrupto. Democrático no es sólo lo que funciona como resultado de una elección y de acuerdo a normas dictadas por alguna autoridad establecida. Ni es democrático alguien sólo porque usa las instituciones y se aprovecha de las bondades de la democracia, para robarle al pueblo el fruto de su trabajo y para impulsar un proyecto político de distorsión del sistema republicano de gobierno.

La democracia se basa en la elección de las autoridades y el acatamiento de la ley, pero presupone que haya decencia gubernamental, transparencia política, justicia independiente, y que las decisiones trascendentales sean consultadas al soberano, que es el pueblo. En fin, para ser democrático hay que sustentar y cumplir principios políticos y valores morales que no tienen y mucho menos que practiquen los pactistas del PLC de Alemán y del FSLN de Ortega.

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