Alejandro Leal Méndez
De acuerdo a recientes declaraciones del diputado Wilfredo Navarro “fue una soberana capoteada lo que le dieron a Nicaragua”, al referirse a la derrota que sufrió el ingeniero Ernesto Leal Sánchez frente a su adversario de Surinam, Albert R. Ramdin, electo el pasado martes siete de los corrientes como Secretario General Adjunto de la Organización de Estados Americanos (OEA), aprovechando el mentado diputado para también declarar, que si hasta la fecha el Presidente de la República no había podido solucionar la crisis interna que vive el país, menos aún la de otras naciones, calificando la candidatura del ingeniero Leal como parte “de las vergüenzas que nos hace pasar el Presidente de la República”.
Al respecto, los invito a que se respondan qué verdaderamente nos debería causar vergüenza: ¿la candidatura del ingeniero Leal? Hombre cuya intachable trayectoria internacional habla por sí sola, logrando entre otras cosas en dicho ámbito, la difícil tarea de posicionar nuevamente a Nicaragua ante el mundo como un país libre y democrático, tal como lo hizo siendo Canciller de la República. O, ¿la carta enviada a la OEA por la diputada María Auxiliadora Alemán, descalificando la candidatura del nicaragüense e invitando a los representantes de sus países miembros a desestimarla?
¡Qué barbaridad! Como jurista y conocedor del organismo multilateral, cuya elección de autoridades responde a compromisos adquiridos entre sus países miembros, sin que tengan cabida cartitas intrascendentes como la citada, debo manifestar que la misma me causó pena y lástima antes que vergüenza, ya que demuestra hasta dónde ha sido capaz de llegar y cegar el capricho político de aquellos, que con muy poca visión, intentaron incidir negativamente en una elección que de haber sido ganada por Leal Sánchez, hubiese representado un triunfo y un motivo de orgullo para todos los nicaragüenses.
Ahora bien, si es que tanto daño le ha causado el ingeniero Leal al diálogo nacional o a la democracia misma, tal como reza el contenido de la misiva en cuestión, ¿no era mejor entonces que el secretario de la Presidencia ganara la elección, lo cual lo obligaba a retirarse de la política nacional? ¿cuál era el miedo? ¿la supuesta posición parcializada que tendría el candidato nicaragüense, en torno a una crisis creada por los mismos que redactaron el abochornante documento citado?
En definitiva, considero que el comportamiento de los diputados que se pronunciaron en contra de la candidatura del ingeniero Leal constituye simplemente una muestra más, capaz de ilustrar el indomable y dominante odio que a todas luces, parece haber invadido la mente de quienes dirigen los destinos de una gran nación, cuyos administrados claman a gritos la armonía, concordia y avenencia necesarias que deberían imperar entre sus gobernantes, para así lograr acuerdos trascendentales que nos conduzcan al progreso.
Llevando lo expuesto al dialogo nacional, en donde predomina la misma energía negativa que he tratado aquí de graficar, con ocasión de la referida elección continental, aprovecho la oportunidad para invitar a sus protagonistas para que vean en el mismo más que una oportunidad para medir fuerzas, una oportunidad para cambiar el rumbo de una historia, cuyos episodios más positivos, han empezado con la última etapa de crisis superadas; considerando oportuno el momento para citar, una de las situaciones personales que Simón Bolívar debió superar en la campaña del Perú, ante una grave enfermedad que lo aquejaba en Pativilca:
Relata don Joaquín Mosquera, cómo después de analizar la situación política, la insuficiencia de recursos y el delicado estado de salud del Libertador, al preguntarle: ¿qué piensa usted hacer?, éste dio como inequívoca respuesta una sola palabra que logró plasmar en la historia con caracteres indelebles: “¡Triunfar!”, lo cual hoy en Nicaragua depende o recae en ceder, sin que ello deba interpretarse precisamente como perder, entonces, erradiquemos odios y cedamos todos.
El autor es abogado.