Vergüenza nacional

Silvio Mé[email protected]

Recientemente, en un viaje de trabajo a Managua buscando cómo sustentar el pan de cada día, exploraba como “sortear” la diversión cotidiana de los estudiantes universitarios que se entretenían quemando algunas llantas y vehículos en diferentes puntos de la capital. Al pasar al lado de una cerca aledaña a la UNAN, leí un mensaje escrito en ella que decía: “La vergüenza de un pueblo no es su pobreza, sino el servilismo de su presidente”.

Esto debe haber sido escrito por algún estudiante de esos por los que pagamos mil millones de córdobas al año para su educación. Estos jóvenes a los que les damos todas las facilidades financieras para que se dediquen a prepararse y ser los futuros profesionales que rijan los destinos de nuestro país, se transforman de repente en aterrorizadores de la ciudadanía, en destructores de propiedad privada, desobedientes de la autoridad y leyes, produciendo confrontaciones muy peligrosas con la Policía Nacional, la que en vez de usar sus recursos para proteger a la ciudadanía que paga los impuestos de donde proviene el seis por ciento, tienen que usarlos en “atajar” a estos practicantes del terrorismo urbano para que no hagan más extenso su daño.

Debemos preguntarnos: ¿Cómo irán a ser nuestros futuros médicos, ingenieros, abogados, administradores, etc. que durante su tiempo de estudiantes practicaron el terrorismo urbano? ¿Como irán a ser sus reacciones cuando se encuentren envueltos en conflictos de trabajo con sus asociados, clientes, empleados? Es verdaderamente horrorizante pensar en las secuelas de este “entrenamiento básico” de nuestros estudiantes en su vida profesional, si éste es utilizado hacia la solución de todos los conflictos que enfrenten.

¿Por qué los estudiantes tienen que ser siempre los que buscan, según ellos, resolver los problemas y conflictos de nuestra nación, cuando el Gobierno y la sociedad civilizada cuenta con las organizaciones competentes para ese fin? Los universitarios aún no están preparados académicamente para ello, ¿será por eso que utilizan el terror, lo único que saben hacer bien?

Pero bien, volviendo a la frase del muro universitario, en mi criterio y el de muchos amigos que consulté al respecto, no es adecuado llamar vergonzosa la actividad del Presidente de la República, quien ha dedicado mucho del tiempo de su período presidencial en busca de una solución permanente a nuestra problemática nacional: corrupción, viviendas, producción, servicios básicos de luz y agua, desgobierno de los poderes del Estado, Legislativo, Judicial, Electoral, Contraloría, y así ad nauseaum.

Para mí, vergüenza de nuestro país es: pagar universidades a estudiantes que se dedican a aterrorizar la población; subsidiar transportistas que manejan solamente ataúdes ambulantes; que nuestros estudiantes universitarios obedezcan las consignas de líderes que en su turno de gobernar destruyeron la Patria en lo político, social, económico, moral; que nuestros hospitales no cuenten con los recursos económicos del Estado que van a las universidades; que el gobierno sandinista produjo exilio masivo de valores humanos incalculables, que nunca podremos valorar, recuperar, que aún hoy continúa, porque los que nos destruyeron “gobiernan desde abajo”; que políticos corruptos sean encontrados inocentes o sean indultados; que el líder sandinista, con sólo educación secundaria, con la destrucción del país en su currículum, siga gobernando; que políticos que llegaron al Gobierno con poco más que una “mudada”, sean hoy grandes magnates.

Vergüenza es que altos funcionarios de los poderes del Estado demanden altos salarios, cuando es un deber y un honor servir a la Patria; que la Asamblea Nacional destruya la libertad de prensa, actúe únicamente para responder intereses partidarios y cambie la Constitución sin consultar a la nación; que la Contraloría y el sistema judicial se utilice para perseguir a los enemigos de los caudillos; que el Poder Judicial sea considerado el gran corrupto de nuestro sistema; que algunos líderes fomentan la pobreza con el fin de mantener y aumentar su caudillazgo con su retórica populista; que explotadores de nuestros recursos naturales estén acabando sin misericordia con nuestras montañas y fuentes de agua; que los plantones reciban tierras que luego venden a sus “líderes”; que los confiscados sigamos sin una solución digna y justa; que funcionarios sigan solicitando “mordidas” a inversionistas extranjeros para aligerar o evitar procedimientos; que los líderes de la Iglesia Católica se relacionen más de cerca con los ex gobernantes corruptos que con el gobierno de turno.

Es seguro que existen más razones para sentir vergüenza, pero yo ya no aguanto la vergüenza por sentir vergüenza de tanta sinvergüenzada. ¡Corrijámosla y no seremos más el país más pobre de América!

El autor es ingeniero, candidato PhD Ciencias Políticas.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí