Los vándalos no dialogan

Roman, Times, serif»>
Los vándalos no dialogan





El presidente Enrique Bolaños dio ayer una admirable lección de valentía personal al presentarse, acompañado por un grupo de colaboradores y agentes de seguridad personal, ante la manifestación de “protesta” que pretendía avanzar hasta Casa Presidencial. El propósito de Bolaños era dialogar con los cabecillas de la marcha, pero como era de esperarse, la turba lo agredió criminalmente y a su hijo mayor casi lo matan con una brutal pedrada en la cabeza que iba dirigida contra el mismo Presidente de la República.

En realidad, aunque el valor personal del presidente Bolaños es admirable, su actitud fue temeraria. Además, el Presidente tiene que saber que los vándalos no entienden de diálogo. Y en todo caso no es con las turbas que debería dialogar y negociar el Presidente de la República, sino con quienes instigan a los vándalos para que realicen los actos de violencia que han cometido en los últimos días, semanas, meses y años.

Pero, ¿negociar qué? El objetivo de Daniel Ortega y el FSLN, así como del PLC que servilmente los apoya, es claro y obvio. Quieren arrodillar al Presidente de la República ante las reformas constitucionales arbitrarias que fueron declaradas inviables por la Corte Centroamericana de Justicia. Si no se arrodilla, pretenden obligarlo a renunciar para sustituirlo con alguien complaciente y sumiso. Y en última instancia, quieren destituir o derrocar al presidente Bolaños por medio de la Asamblea Nacional o del vandalismo callejero, sin reparar ni siquiera en las consecuencias que ellos mismos seguramente tendrían que pagar.

Cabe señalar al respecto que es insólito que el Alcalde de Managua auspicie o avale los actos vandálicos que se cometen contra el patrimonio de la ciudad y contra la gente que él juró proteger y velar por su seguridad, progreso y desarrollo. Lo que hace cualquier Alcalde responsable y medianamente lúcido cuando ocurren protestas públicas que se salen de control y se convierten en actos de violencia, es cerrar filas con el Gobierno central, contribuir a apaciguar los ánimos, buscar soluciones a los problemas planteados, proteger los bienes y propiedades del municipio, incluyendo las calles que dañan las llantas quemadas por los vándalos. Pero en vez de hacer eso, que es lo normal y civilizado, el Alcalde de Managua convoca a ediles de los demás municipios y los hace firmar una sediciosa demanda de que renuncie el Presidente de la República, con el evidente propósito de alentar a los vándalos a seguir cometiendo vandalismo.

Inclusive, el Alcalde sandinista de Managua, de manera irresponsable declara que está “cumpliendo una tarea partidaria, yo soy un partisano (guerrillero), no soy un libre-pensador ni alguien que especule para obtener ganancias políticas o económicas”, como reconoció en declaración que dio a LA PRENSA y fue publicada en nuestra edición de ayer martes 26 de abril del 2005.

Al Alcalde de Managua le corresponde, de acuerdo con la Ley de Municipios, regular las tarifas del transporte colectivo. Sin embargo renunció a ejercer esa responsabilidad para crear condiciones propicias a la protesta y la violencia, y luego se justifica diciendo que sólo podría resolver el problema si el Poder Ejecutivo le delegara la facultad de regular los precios del combustible. O sea que quiere restaurar el control de precios que se aplicó durante el régimen sandinista y que condujo al país al peor desastre de su historia, del cual la población todavía no se repone.

Sin dudas que hace falta dialogar, pero no para claudicar ante los sediciosos sandinistas y sus cómplices del PLC, sino para desmontar el tinglado de violencia, salvar el programa económico con los organismos financieros internacionales y garantizar la gobernabilidad del país. En ese sentido, además de poner y mantener en alerta a las Fuerzas Armadas de la República, como lo anunció anoche el Presidente de la República, también hay que llamar a la comunidad internacional a proteger la precaria democracia nicaragüense de las agresiones del vandalismo, el totalitarismo y la corrupción.

La comunidad internacional debe estar lista a actuar, si es necesario, antes de que ocurra lo peor.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí