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La “guerra matonesca”
El Secretario de Estado adjunto para asuntos del Hemisferio Occidental, del Gobierno de Estados Unidos, Roger Noriega, calificó de “guerra matonesca” la lucha de los caudillos del FSLN —Daniel Ortega— y el PLC —Arnoldo Alemán— contra el presidente Enrique Bolaños y en general contra la institucionalidad democrática de Nicaragua.
Noriega compareció el miércoles de esta semana ante el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental, del Congreso norteamericano y de acuerdo con una información que publicó ayer LA PRENSA el director de la política latinoamericana de Estados Unidos se refirió expresamente a la situación de la democracia en Nicaragua. Además calificó apropiadamente a los cabecillas del FSLN y el PLC que se han confabulado para desnaturalizar —partidarizándolas— las instituciones democráticas del Estado y la sociedad, e inclusive para atentar contra la libertad de prensa.
La enérgica alusión de Roger Noriega a los pactistas de Nicaragua no es sorprendente, si se toma en cuenta que antes otros altos funcionarios del Gobierno norteamericano se habían pronunciado contra la confabulación antidemocrática de los caudillos del FSLN y el PLC. Sin embargo, lo dicho por Noriega representa un paso más adelante en la política de Estados Unidos contra el pactismo libero-sandinista que le ha causado un daño devastador al proceso de democratización de Nicaragua.
Como se recordará, a principios de noviembre del 2003 el entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, durante una visita que hizo a Nicaragua calificó a Daniel Ortega y Arnoldo Alemán como representantes de un pasado que no debe seguir perjudicando a la democracia nicaragüense.
En aquel mismo mes de noviembre del 2003, el Subsecretario Adjunto del Departamento de Estado para asuntos de América Latina, Dan Fisk, declaró en Managua que “el liderazgo de Ortega y de Arnoldo Alemán eran inaceptables para su gobierno, y que las fuerzas democráticas nacionales debían organizarse al margen de esos caudillos”. Y más adelante, en noviembre del recién pasado año 2004 el mismo Fisk, durante otra visita al país expresó que: “Si siguen insistiendo (los sandinistas y los liberales del PLC) en el tema de Arnoldo Alemán, Estados Unidos se olvida de Nicaragua”.
Por supuesto que tales declaraciones de los funcionarios estadounidenses mencionados no son aisladas y casuales. Por el contrario, son manifestación de una estrategia general de Estados Unidos que el presidente George W. Bush ha reafirmado y fortalecido últimamente, después de su resonante victoria electoral en noviembre del año pasado.
En efecto, al explicar ante el Senado de Estados Unidos las bases de la política internacional que se va a ejecutar en el segundo período gubernamental del presidente Bush, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, aseguró que: “No queremos que en América Latina se repitan los ciclos de desarrollo democrático seguidos de regímenes autoritarios”. Aunque no lo dice expresamente, es obvio que la Secretaria de Estado estadounidense se refiere a situaciones que hay en América Latina, como la de Venezuela, donde se ha entronizado un régimen autoritario, militarista y desestabilizador; y Nicaragua, donde se ha establecido de hecho y de “derecho” una dictadura bicéfala autoritaria y corrupta, mediante el pacto libero-sandinista, y hay ahora un gravísimo peligro de que se restaure el régimen totalitario y aventurero de los años ochenta.
El presidente George W. Bush, al tomar posesión el jueves 20 de enero del año en curso de su segundo mandato presidencial, se comprometió a “llevar la libertad a cada rincón del planeta para acabar con la amenaza de las tiranías” (pues) “la supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países”. Y añadió el mandatario estadounidense que es política de su país “promover y apoyar el surgimiento de movimientos e instituciones democráticas en todos los países y sociedades, con el objetivo de poner fin a la tiranía en el mundo”.
Realmente debería dar pena que la gran potencia norteamericana tenga que acudir en defensa de la democracia que le están arrebatando al pueblo de Nicaragua los caudillos autoritarios y corruptos. La preservación de la democracia y la libertad en Nicaragua tiene que ser obra de los mismos nicaragüenses democráticos. Pero dadas las circunstancias, bienvenida sea la solidaridad internacional, no sólo económica sino también política.