Ricardo A. De León Borge
Últimamente, el tema de la expansión económica a gran escala de la China Continental ha sonado como las campanas que anuncian misa en los pueblos de Nicaragua.
La evolución positiva de la economía china ha sido gracias a una apertura hacia el capital y de un proceso riguroso de privatización de empresas en manos del Estado chino, ya no tan omnipotente y omnipresente en la vida económica, que ha sido tradicionalmente estatal. Dicha apertura al capitalismo ha dejado muchos réditos a esta nación llamada a ser la próxima potencia mundial.
Esto queda demostrado con la reciente visita del Presidente y del Vicepresidente de China a algunos países de América del Sur y del Caribe, donde firmaron una gran cantidad de acuerdos y tratados, de inversión en su gran mayoría. Éstos incluyen inversiones en níquel, petróleo, gas, soja, y muchas otras, asimismo agregan préstamos para las urgencias de dichos países.
China ha sabido explotar su oportunidad para atraer a estos países con la perspectiva de firmar acuerdos de libre comercio que facilitarán el acceso a la materia prima sudamericana y a los productos baratos chinos, lo que conllevará a fortalecer lazos comerciales.
El reconocimiento que le dieron estos países a China como economía de mercado, es un paso importante para la estabilidad de sus exportaciones e importaciones. Óigase bien, estamos hablando de “tratados de libre comercio” y de “economía de mercado” y nos estamos refiriendo a China Continental, otrora uno de los máximos polos de atracción hacia el socialismo, vaya paradoja.
Los increíbles índices de crecimiento de China han sido algo que se ha venido dando desde hace 15 años de manera constante, lo cual le ha dado un gran blindaje ante alguna tormenta financiera regional, e incluso mundial. Y ahora conocemos que durante los siguientes 20 años el crecimiento anual del PIB será de más o menos un 20 por ciento.
Los recientes acuerdos firmados con los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), han hecho que China forme parte de lo que será para 2007 la mayor zona de libre comercio en el mundo.
Por esto, los países latinoamericanos deberán empezarlos a ver como socios económicos, dejando a un lado las premisas ideológicas o políticas, ya que si no es así, el monstruo financiero, acaudalado y comercial que representan, dejará sin oportunidad a un mayor desarrollo económico.
El autor es licenciado en Relaciones Internacionales.