Diálogo Nacional, ¿a quién beneficia?

Ricardo Sánchez Calero

El 12 de enero, ante los medios de comunicación nacionales e internacionales se firmó un acuerdo entre el Frente Sandinista y el Presidente de la República, y como garantes de la firma, el cardenal Miguel Obando y Bravo y el representante de la ONU, el señor Jorge Chediek.

Se supone por los actos posteriores a la firma entre ambas fuerzas (la visita del comandante Ortega a la hacienda El Chile y las declaración ante los medios de comunicación de diputados liberales), que el PLC aceptó participar en el diálogo por defecto. Y a partir de entonces se presumió que con las tres fuerzas política dispuestas a participar, todo el escenario estaba listo para sentarse a dialogar.

Mucho se habla de los beneficios que han traído para estas tres fuerzas políticas, tanto el acuerdo libero-sandinista, como el acuerdo Ortega-Bolaños. Al presidente Enrique Bolaños se le permitirá terminar su período presidencial; al comandante Daniel Ortega, reforzar su imagen pacifista a nivel internacional; y al doctor Arnoldo Alemán, su pronta puesta en libertad.

De manera que las condiciones pre-diálogo han beneficiado únicamente a los tres grupos de interés político de la nación, lo cual se reforzará con un acuerdo en firme que dará constancia palpable de los compromisos: se acabaron las ofensas, las ironías y las amenazas.

Sin embargo, de los ocho puntos del diálogo nacional solamente uno está acorde con las verdaderas necesidades de la población, siendo una estrategia de las partes interesadas para decir que el diálogo es en beneficio de Nicaragua. Porque esperar esta ocasión en la que se resolverán sus problemas personales, para plantear la solución de los problemas nacionales, o sea que hasta que sus intereses políticos son afectados por ellos mismos demuestran voluntad de hacer algo por el país.

La problemática real de Nicaragua es el estancamiento económico del país, la disminución del poder de compra de los ciudadanos, las emigraciones en busca de empleo, la falta de salud y educación, la improductividad agrícola. Estas necesidades son las que verdaderamente deberían ser llamadas a solución y ser calificadas de tan esperadas por la población.

Los tres grupos de interés han disfrazado de crisis política y nacional sus desencantos personales, lo que ha conllevado a la actual crisis económica en la que está sumergido el país. Han montado un tremendo espectáculo con sus diferencias políticas para tener una excusa de porqué las condiciones adversas actuales en Nicaragua.

Este diálogo no debería llamarse nacional, pues no responde a los intereses verdaderos de la nación, sino a un entendimiento político y a asegurar las cuotas de poder en las estructuras del Estado, que tantos beneficios económicos brinda a sus autores.

Una vez consumado el diálogo político y puesta en marcha de los acuerdos allí alcanzados, habrá que seguir de cerca el crecimiento económico, la disminución de la tasa de desempleo, el incremento del salario mínimo, mejoría en la educación y la salud. El ciudadano nicaragüense espera cambios en su realidad económica-social, a ver si el diálogo nacional traerá algún beneficio a las mayorías.

Lo único que quizás cambiará es que ya no podremos reírnos del espectáculo confrontativo montado por los políticos nicaragüenses, al cual los medios de comunicación le dan espectacularidad.

El autor es administrador de empresas.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí