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El triunfo de los corruptos
El Procurador General de la República, doctor Alberto Novoa, en una entrevista con LA PRENSA que se publicó el recién pasado 24 de diciembre se negó a reconocer que la lucha contra la corrupción hubiese sido derrotada.
A pesar de las evidencias de que ninguno de los ex funcionarios públicos acusados por delitos de corrupción se encuentra en la cárcel; y de que el mismo Arnoldo Alemán está tranquilo, en su casa, esperando que Daniel Ortega ordene al Poder Judicial liberarlo de todos los cargos a cambio de la aprobación —por parte del PLC— en segunda ronda, de la nueva reforma constitucional que le daría casi todo el poder político al FSLN, el tenaz Procurador se niega a admitir que la lucha contra la corrupción pudiera haber sido derrotada.
El Procurador admite que prácticamente todas las resoluciones judiciales en los procesos por corrupción han sido favorables a los corruptos, y que, en efecto, el principal indiciado está a punto de ser eximido de todos los cargos. Sin embargo sostiene que de esa manera el Gobierno más bien ha obtenido una victoria política, porque las sentencias injustas “enorgullecen a quien pierde…”
En realidad, la experiencia mundial de la lucha contra la corrupción enseña que ésta sólo puede tener éxito si se basa en tres condiciones fundamentales:
Primero, la existencia de una prensa libre que denuncie públicamente la corrupción en sus diferentes formas, venga de donde venga y quien quiera que sea el que la cometa y se lucre con ella.
Segundo, que haya una justicia independiente y confiable, administrada por jueces y magistrados verdaderamente profesionales y honestos.
Y tercero, que los ciudadanos tengan suficiente conciencia del daño social que causa la corrupción; y que, por lo tanto, comprendan la importancia y la necesidad de luchar contra los corruptos y castigarlos con la máxima severidad.
Pero en Nicaragua sólo hay una de esas tres condiciones que son indispensables para el éxito de la lucha contra la corrupción: la existencia de una prensa libre que denuncia la corrupción de manera sistemática y sin condiciones de ninguna clase.
Precisamente por eso es que las camarillas corruptas de los partidos mayoritarios —FSLN y PLC— se han unido también para agredir a la libertad de prensa y castigar a los medios de comunicación independientes, por medio de la reforma del artículo 68 de la Constitución que los dejaría indefensos ante las presiones económicas y fiscales ejercidas desde el poder político.
Por otro lado, el principal revés que ha sufrido la lucha contra la corrupción ha sido la imposibilidad de comenzar a depurar la administración de justicia mediante una apropiada Ley de Carrera Judicial. Por el contrario, el FSLN y el PLC lograron imponer una ley que agrava la politización de la justicia y el control partidista sobre los magistrados y jueces, quienes en su gran mayoría fueron puestos en esos cargos precisamente para que garantizaran la impunidad de los corruptos y la de ellos mismos.
De manera que de nada o de muy poco ha servido acusar a los corruptos y llevarlos ante los tribunales, porque la justicia se encuentra en manos de contralores, magistrados y jueces que son activistas de los partidos políticos corruptos y subordinados de sus caudillos.
Además, el hecho de que los dos partidos corruptos sigan siendo los más grandes electoralmente demuestra que tampoco los ciudadanos en su mayoría están convencidos de que la corrupción es una de las causas principales de la pobreza y el atraso del país, ni entienden que los políticos corruptos son criminales de la peor especie porque se roban el pan y la medicina de las personas más necesitadas, vulnerables e indefensas del país. Y lo que es peor, no son pocas las personas que creen que la corrupción es algo normal e inevitable en nuestra sociedad, y que más bien hay que participar de cualquier manera en sus supuestos beneficios.
De manera que al menos en esta fase de la lucha contra la corrupción en Nicaragua, los vencedores son los corruptos. Pero por supuesto que no es una victoria definitiva, ni siquiera por mucho tiempo. La lucha contra la corrupción no es meramente nicaragüense ni sólo una estrategia del Gobierno actual. La lucha contra la corrupción es un proyecto de alcance internacional y estratégico y Nicaragua no podrá permanecer por mucho tiempo dominada por los políticos corruptos. Ya lo veremos.