¿Cuánto “vale un Potosí”?

Nicasio Urbina*

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¿Cuánto “vale un Potosí”?


Nicasio Urbina*




La ciudad de Potosí fue fundada en 1544 bajo el nombre de Villa Imperial de Carlos V, por Juan de Villarroel, debido a la riqueza argentífera que prometía el Cerro Rico. Este cerro de forma cónica posee la que quizás sea la mina de plata más rica del mundo. Su descubrimiento se debe al indígena quechua Diego Huallpa, quien aparentemente se extravió con su llama y por accidente llegó a esta prodigiosa mina. Fue explotada por algunos años por los indígenas hasta que los españoles escucharon hablar de ella y tomaron posesión inmediatamente de ella, sometiendo a los indígenas, importando africanos, y financiando de esta manera el lujo y los excesos de la Corte. Se dice que con todo el metal que se extrajo de la mina se hubiera podido construir un puente de plata a través del Océano Atlántico, y con todos los muertos en su explotación se hubiera podido construir también un puente de huesos. La cantidad de plata que producía la mina era tal que en 1672 se acuñó una moneda de plata con el sello de Potosí. También se construyó una laguna para proveer de agua a la ciudad que en ese entonces contaba con doscientos mil habitantes, más que la ciudad de Londres en aquella época.

Potosí es la ciudad más alta del mundo, está a cuatro mil doscientos metros sobre el nivel del mar. El aire es muy ralo, y por momentos cuesta respirar. El 11 de diciembre de 1987 la Unesco la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad, un proyecto que necesitamos obtener para Granada de Nicaragua, a pesar de la oposición del gobierno del presidente Bolaños. El apogeo de Potosí durante la colonia era enorme. Recuerden aquella frase famosa del habla popular “vale un Potosí”, porque en la España de la época Potosí representaba la mayor fuente de entrada del imperio. Esa gloria y esa riqueza se obtenían por supuesto a costo de la esclavitud de los africanos, y como éstos resultaban muy caros, los indígenas andinos eran la mano de obra favorita de los conquistadores. Millones de indígenas murieron prematuramente en el trabajo minero, no sólo por las peligrosas condiciones propias de la minería, sino también por la manipulación del mercurio y otros químicos altamente venenosos que se utilizaban en la explotación minera, y por las condiciones infrahumanas en que vivían los trabajadores.

Actualmente Potosí se encuentra en estado de depresión económica. Aunque el Cerro Rico continúa teniendo una enorme cantidad de plata, su explotación no es comparable a lo que fue en el pasado, y por esos enigmas de la vida, la riqueza no parece beneficiar el pueblo potosino. La gente vive de un incipiente comercio y una actividad turística que todavía no posee una infraestructura apropiada. Posee un pequeño aeropuerto donde solamente llega un avión de doce pasajeros tres veces por semana. Está a dos horas y media por tierra de Sucre, donde sí se puede volar en Aerosur o en Lloyd Aéreo Boliviano.

Potosí posee sin embargo maravillas arquitectónicas únicas. El convento de Santa Teresa, fundado en 1685, hoy Museo Santa Teresa es una joya exquisitamente remodelada, con obras pictóricas de barroco mestizo bellísimas. La famosa escuela de pintura potosina tiene como mejor exponente a Melchor Pérez de Holguín, cuyas obras se pueden apreciar aquí y en diferentes museos de la ciudad. El convento de San Francisco, fundado en 1547, posee también obras inolvidables. Su remodelación no tiene el cuidado y la belleza del anterior, pero tiene el mejor mirador de la ciudad. Se puede subir al tejado y llegar hasta el techo de la cúpula mayor, desde donde el viajero disfruta de una mirada espectacular de trescientos sesenta grados.

En parte por la plata, y en parte por su afán predicador, casi todas las órdenes religiosas sentaron iglesias en Potosí. Hoy en día hay treinta y cinco iglesias, pero en su época de oro Potosí llegó a tener más de ochenta. Algunas de las iglesias son verdaderas joyas arquitectónicas, y aunque fueron saqueadas en la Independencia, todavía conservan parte de su tesoro. La Catedral está actualmente cerrada por remodelación y no puedo hablar más que de su exterior. La Iglesia de San Benito tiene una cúpula bizantina esplendorosa, y los tallados en madera estilo barroco mestizo son apabullantes. La Iglesia de San Lorenzo tiene un portal esculpido en madera, estilo barroco mestizo del siglo XVI que es una maravilla.

Una de las instituciones más importantes de Potosí es por supuesto La Casa de la Moneda. El actual edificio es imponente. Fue construido en la primera mitad del siglo XVIII con el fin de centralizar todas las actividades de producción de moneda y evitar así el robo, la falsificación y el desperdicio. Se puede ver los inmensos tornos movidos por tracción indígena, donde se prensaban las láminas de plata y se acuñaban las monedas. La colección de piezas que tiene la casa es delicia del aficionado a la numismática, y la riqueza que encierra cada uno de sus salones es fascinante para la historia colonial de América.

Aquí ha tenido su sede el XI Festival Internacional de la Cultura, razón que me ha traído a estas alturas. Durante tres semanas la ciudad abre sus puertas e invita a practicantes de todas las artes a reunirse, exponer, leer sus páginas, disertar, ver cine, hacer teatro, disfrutar danzas étnicas, música popular, y casi todas las actividades artísticas. Para los escritores bolivianos este es un sitio de peregrinación anual. Vienen escritores de todas partes de Bolivia y tienen la oportunidad de compartir sus ideas, sus creaciones recientes y sus trabajos en curso. Este año también han invitado a escritores de Chile, Argentina, y de Nicaragua a éste su servidor.

La riqueza que un día produjo esta zona poco le ha dejado a la ciudad. Por el contrario, hay entre sus habitantes y sus autoridades un sentimiento de derrota, de decaimiento. Aunque mucho se esté haciendo por rescatar el pasado colonial todavía la ciudad no ha recobrado seguridad en su futuro, certeza en sus valores y confianza en su potencialidad. Ojalá eso cambie. La herida que ha dejado la explotación minera y el saqueo imperial español es muy profunda y terrible. Doscientos años de vida republicana no han hecho mucho por Bolivia y sus habitantes. Aparte de unos cuantos potentados, ni la plata ni el estaño ni el gas natural han logrado elevar el nivel de vida del indígena y la clase media bolivianos. Ojalá eso cambie o el cambio será violento.

* El autor es catedrático de Universidad de Tulane y profesor visitante de la Universidad de Cincinnati.

Editorial
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