Peter R. Bernal
Roman, Times, serif»>
Los debates electorales en Estados Unidos
Peter R. Bernal
La mayoría de las encuestas nacionales revelan un empate técnico entre los dos candidatos principales. Un dato importante es que los temas de la economía y la salud vuelvan a la superficie en el más reciente sondeo de Gallup. El terrorismo marca la pauta con 30 por ciento, la economía y el tema de Irak con 27 por ciento y la salud reaparece con 14 por ciento, quedando un dos por ciento para una amalgama de temas que pueden o no influir en algún estado en particular como los desechos nucleares en Nevada, el aborto, precios del petróleo, restricciones a armas de fuego, el déficit, el desempleo y otros.
La nueva encuesta Reuter/Zogby informa más allá de una contienda Bush versus Kerry, más bien, de una lucha interna entre regiones igualmente divididas por preferencias presidenciales. El senador John F. Kerry está al frente en los Estados del Este (48 a 44 por ciento), en el Oeste (49 a 42 por ciento). El presidente George W. Bush en los Estados del Sur (56 a 36 por ciento) y ambos están empatados (43 a 43 por ciento) en los Estados del Centro y los Grandes Lagos. ¿Qué tal?
En una monumental encuesta de Zogby a 20 mil 900 ciudadanos, sus datos permitieron entender mejor quiénes son los votantes indecisos. A pesar del “cachumbambé” de los debates presidenciales y del vicepresidencial, el número de los tales ha ascendido de 7 a 8 por ciento. Cuando todos pensábamos que estas conferencias de prensa glorificadas y vendidas como debates iban a aclarar la situación, los pulsos de opinión a lo largo y ancho del país ponen los pelos de punta al hacer pensar en la posibilidad, remota por supuesto, que las elecciones pudieran terminar empatadas en el colegio electoral con 269 votos cada uno, convirtiendo hoy a pequeños Estados como Nueva Hamphire con 4 y a Nevada con 5 en decisivos.
Otros sondeos creen que aparte de los Estados de Ohio (20), Pennsylvania (21) y otros alrededor de los Grandes Lagos, que serían Arkansas (6) y la Florida (27) los que podrían entonces ser la diferencia. Si ocurriera el empate electoral, que no ha ocurrido jamás ya que las situaciones pasadas fueron de que alguno no obtuvo la mayoría absoluta como en el caso de las elecciones de 1824 en que la Cámara de Representantes eligió a John Quincy Adams después de haber quedado en tercer lugar en el voto popular. La Cámara decide la Presidencia, pero no se vota allí por mayoría del número total de sus miembros (435), sino que por los Estados y cada uno tendría un sólo voto de los 50 en juego. Por ejemplo, Dakota del Sur, con un solo representante (actualmente demócrata) tendría los mismos derechos que Florida que cuenta con mayoría cameral republicana.
Un dato adicional es que en casos como el anterior, el Senado escoge al vicepresidente, lo cual pudiera dar un presidente de un partido y al vice de otro, todo dependiendo de quién controle estos escenarios camerales y senatoriales en las elecciones del 2 de noviembre. Auxilio. ¿No es esto para empezar a alquilar balcones? No estoy prediciéndolo sino simplemente meditando en que cualquier cosa puede suceder en este ambiente de locura electoral y polarización de los votantes.
Aterricemos en los debates. Según el tema escogido habría ganado fácilmente Bush en el internacional y Kerry en el nacional. “Ni chicha ni limonada”. Todo sigue confuso, profuso y sobre todo difuso. Hay que ir a profundidad.
Según el diccionario de la Real Academia un verdadero debate es: “controversia sobre una cosa. Contienda, lucha, combate”, mientras que debatir significa “altercar, contender, discutir sobre una cosa. Combatir, guerrear”. Nada de esto ocurrió en propiedad.
Verdaderos y famosos fueron los debates, entre Lincoln y Douglas en 1858, otro también memorable fue entre Nixon y Kennedy, transmitido por televisión, en 1960; los de Lincoln versus Douglas fue para el senado federal, que entonces eran elegidos por la legislatura estatal, sistema que fue abolido en 1913, pero terminó convirtiéndose en el debate para las elecciones presidenciales en que se enfrentaron precisamente ambos candidatos. Lincoln perdió aparentemente en el aspecto de no ser elegido senador, pero triunfó al convertirse entonces en político nacional en el recién fundado Partido Republicano, y así logró ganar en 1860. No vamos a comparar exactamente a los personajes de entonces con los de ahora, pero recordemos las palabras de Lincoln, según él, los temas serían discutidos mucho tiempo después de que “estas pobres lenguas, la del juez Douglas y la mía estén silenciadas”. Era otro mundo y otros políticos. Los grandes periódicos de Washington describieron estos siete debates de la siguiente manera: “La batalla de la Unión se peleará en Illinois” (lugar de los debates). Casi nada.
¿Será por falta de sustancia que los debates del 2004 no han cambiado totalmente el panorama? En 1960 cuando Kennedy ganó el debate por televisión y Nixon por la radio, la elección se polarizó 49 por ciento a 49 por ciento, algo parecido a lo que sugiere ahora la prestigiosa encuesta Gallup. Volviendo a la de Zogby, éste hace recordar que los comicios de 1980 entre Carter y Reagan se decidieron en la última semana a favor del republicano, por votantes indecisos que generalmente terminan con el opositor. Pero el encuestador inclina al observador en otra dirección más difícil y complicada al relatar una anécdota de estos últimos días. En un viaje aéreo le preguntó a su compañero de asiento, un agente policial: “¿Quién es su candidato favorito?” y éste respondió: “Honestamente, no sé”. Pero añadió en broma, como para obligarlo a contestar, “y si le estuviera apuntando con un arma”, el policía sin temblarle el pulso, le contestó: “Entonces tendrías que matarme”. Así están las cosas. No sería entonces que los llamados “indecisos” del 2004 son más tercos o cabeza dura que antes. Por eso se les llama ahora votantes swing, que no se bajarían del columpio hasta el último momento. El propio Zobgy se refiere a ellos como que están turn o girando de un lado para el otro. ¡Cosas mayores que éstas veréis Mio Cid!
* El autor es analista político internacional