Es hora de decir: ¡Hasta aquí!

Eduardo Enríquez

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Es hora de decir: ¡Hasta aquí!


Eduardo Enríquez




La Contraloría pidió la destitución del Presidente. Podrán haber muchos alegatos para justificar la acción, pero todos sabemos que está motivada por el interés de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega de mantener acorralado a Enrique Bolaños.

Sin importar qué tipo de Presidente considera cada nicaragüense que es Bolaños, la acción del jueves de parte de los contralores debe convencernos de que los políticos del pacto se han pasado la raya.

Los pactistas están demostrando que les importa poco causar cualquier daño al país con tal de lograr sus propósitos.

Y lo hacen porque saben que los nicaragüenses, agotados por tanta desilusión política, ya no reaccionan ni siquiera a este tipo de avasallamiento.

El nicaragüense promedio vive en una constante y profunda crisis económica que no le permite pensar más allá del siguiente plato de comida. Esa es una realidad. Cuando nos lo dijo una diplomática norteamericana nos pareció un gran insulto, pero más que un gran insulto es una verdad que los caudillos pactistas conocen y usan para su beneficio.

Aquí va a pasar mucho tiempo antes de que cualquier cambio positivo en la economía se note, y si el ciudadano no nota ningún cambio entonces no tiene nada qué defender. Es por eso que los pactistas hacen lo que les da la gana y nadie reacciona.

Pero si muchos nicaragüenses no creen que vale la pena levantar un pie por defender la Presidencia de Enrique Bolaños, sí deberían reflexionar en cuanto a la alternativa que nos propone esta amenaza de destitución.

Tal vez Enrique Bolaños no sea todo lo que deseamos, pero podemos estar seguros que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán son todo lo que no deseamos.

Tal vez no nos haga perder el sueño si Enrique Bolaños está o no en la Presidencia, pero ¿de verdad dormiríamos tranquilos con Daniel Ortega o Arnoldo Alemán o algún monigote designado por ellos en la Casa de la Presidencia?

Porque al fin y al cabo no se trata de Enrique Bolaños, sino de la ciudadanía, de Nicaragua. Y si Bolaños no es el mejor Presidente de Nicaragua como prometió que sería, tampoco significa que debamos permitir la destrucción de todas las instituciones que garantizan el funcionamiento de una república, sobre todo la Presidencia, que en estos momentos es la única que funciona fuera del pacto.

Así que es irrelevante que el Presidente se llame Enrique o Juan, lo importante es que el nicaragüense debe entender que si la Presidencia cae en manos del pacto, poco podremos hacer para revertir el control de los dos caudillos.

Según todas las encuestas, entre el 70 y el 90 por ciento de los nicaragüenses rechazan el pacto, rechazan a Alemán, a Ortega y todo lo que ellos representan. ¿Cómo es posible, entonces, que el nicaragüense se quede impávido ante esta última maniobra?

Las otras instituciones ya están tomadas, si el nicaragüense no sale a decir: ¡Hasta aquí!, los caudillos no se van a detener.

Editorial
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