El orientador vocacional

Adolfo J. González Z.

¿Qué estudiar? Esta es la pregunta que se hace todo estudiante durante sus últimos años de colegio. ¿Qué hacer al respecto?, se plantean los padres y los orientadores vocacionales en los colegios.

Yo estudié la Secundaria en el Colegio La Salle, en Costa Rica, y no recuerdo que se nos hablara de orientación vocacional. Yo era muy buen estudiante de matemáticas y decidí estudiar ingeniería. El siguiente año, amigos cercanos que habían ingresado a las facultades de ingeniería ya se habían cambiado a otras áreas de estudio. Sin embargo, pasó buen tiempo para que me decidiera cambiar la ingeniería por la educación.

Durante la conscripción militar causada por la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea de asignar a los reclutas el trabajo para el cual tenían mejor disposición y talento, independientemente de su educación formal. Para ello se diseñó y aplicó un examen de aptitud, novísimo concepto en esos días. Esa experiencia fue posteriormente aplicada al campo de la educación, llamándola Orientación Vocacional. Ésta, a su vez, ha evolucionado y se ha desarrollado dentro de las siguientes perspectivas: evolutiva, psicodinámica, psicosocial y científico-técnica.

Desde la perspectiva evolutiva se puede decir que la Orientación Vocacional es un proceso continuo, que inicia desde la etapa infantil. En cuanto a la perspectiva psico-dinámica, es un proceso que analiza las motivaciones conscientes e inconscientes asociadas a una elección, enfocado en el logro de la identidad vocacional ocupacional. La perspectiva psicosocial analiza la influencia del medio y la interacción individuo-medio ambiente en la definición de la identidad vocacional. Y por último se recurre a la perspectiva científico-técnica para explicar los fenómenos propios de la definición de la identidad vocacional, donde es necesario el dominio de recursos psico-sométricos y metodológicos.

Independiente de dónde se estudie, qué se estudia, o cuán preparado está el joven para este nuevo reto, el éxito que se pueda lograr en cualquier carrera depende de la motivación del estudiante hacia ella. El orientador vocacional debe tratar de guiar al alumno de diversas formas. Se debe plantear, en los cuatro últimos años de secundaria, metas realistas para cada estudiante en el campo académico (sus notas), en su vida social (liderazgo), en su proceso de ingreso a las universidades (planeamiento), cumpliendo o modificando su plan de vida.

He escuchado muchas veces que los planes nos hacen libres, ya que podemos corregir sobre la marcha (si tenemos uno definido). Si la familia no se involucra y deja la orientación enteramente a la escuela, es el alumno el que al final sale perjudicado. Joyce Pollard en el artículo Padres son parte de la ecuación, aún en la secundaria (Parents Are Always Part of the Equation, Even at High School), menciona un estudio realizado por el Laboratorio de Desarrollo Educacional del Suroeste (SEDL, por sus siglas en inglés); para ilustrar el punto que el éxito escolar y futuro del alumno depende del grado de participación que sus padres tengan en su vida estudiantil en secundaria (no sólo en primaria o preescolar como la mayoría de las personas piensan).

El papel del orientador y de los padres debe ser de consejo y ayuda, en un trabajo conjunto consejero-familia-estudiante para responder las preguntas: ¿Quién soy? ¿Quién soy para los otros? ¿Quién quiero ser? ¿Cómo lo voy a lograr? Otro estudio menciona que en Estados Unidos los jóvenes utilizan un promedio de 20 horas de sus dos últimos años de colegio decidiendo qué harán los siguientes cuatro años con su vida. En cambio, y en marcado contraste, utilizan un promedio de 20 horas a la semana para ver televisión o jugar videojuegos. En un sondeo realizado por el diario LA PRENSA y publicado el 12 de marzo en el suplemento Aquí Entre Nos, los estudiantes creen saber qué quieren estudiar, pero al preguntarles por el pensum de las carreras escogidas, el cien por ciento expresó desconocerlo. ¿Indicará esto la superficialidad de cómo se escoge una carrera y posiblemente un futuro?

La identidad vocacional del estudiante se expresará en términos de las ocupaciones que desempeñen en la vida. La escritora argentina Angela Bonelli distingue tres etapas en el desarrollo del joven con respecto a la Orientación Vocacional: período de elecciones fantaseadas; período tentativo o de proyectos; y período de elección realista. El primer período está regido por el principio del placer; aquí encontramos: voy a ser policía o astronauta. En el segundo período se hace un reconocimiento de intereses y aptitudes en una fase tentativa, aquí el joven ya va madurando su decisión y ve que tiene muchos intereses y opciones. En la elección realista el joven toma conciencia de la necesidad de decidir aceptando las responsabilidades de sus actos, planteándose un plan para lograr sus objetivos.

El profesor, como consejero (es inevitable esta asociación) representa para el alumno una oportunidad de ser escuchado sin ser juzgado. Francisco Ayala Aguirre, en su libro La función del profesor como asesor, menciona que el proceso de asesoría posee tres ejes principales: comunicación, emoción, y formación. La comunicación debe ser clara, fluida y de escucha activa. Aquí el profesor se enfrenta a muchas preguntas, tales como: ¿Hasta dónde puedo participar con mi consejo? ¿Cómo se compromete mi participación en la conducta que seguirá el alumno? ¿Cómo establezco un juicio para determinar qué debo aconsejar? ¿Realmente el alumno busca un consejo o una excusa para acercarse a la figura paterna que el profesor representa? Entre los errores más comunes en la práctica de la asesoría se mencionan los siguientes: dar consejos, persuadir o convencer, interrogar, sólo dar información, dar advertencias, entrevistar, y confundir la asesoría con psicoterapia. No se debe olvidar que el estudiante tiene en su interior las fuentes propias de cambio y de toma de decisiones.

En conclusión, el propósito de la consejería en el ámbito de la orientación vocacional es buscar en la relación maestro-alumno, alumno-padres, padres-escuela, las condiciones para un cambio positivo y voluntario en el alumno, donde se le reconozca al joven su derecho a elegir, a ser independientes con responsabilidad y capaz de asumir las consecuencias de su elección. Trabajando con esta meta alumnos, padres y la escuela, creo que avanzaremos para que los jóvenes escojan con bases su futuro próximo.

El autor es director de desarrollo institucional en el colegio Lincoln.

Editorial
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