Sexo embotellado

Roberta Belli*

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Sexo embotellado


Roberta Belli*




Así como el mal se disfraza de ovejita blanca para tentarnos, ahora el sexo se disfraza de cerveza para seducirnos y que la probemos. Así como Eva tentó a Adán, de igual forma imágenes provocativas y vulgares buscan tentar a innumerables esposos, hijos, hermanos, sobrinos, nietos, a caer en las garras mentirosas del mundo del placer. No es indignación lo que se siente ante esta campaña publicitaria agresiva y corrupta, es repudio. Me pregunto cuántos padres de niñas adolescentes tomaron las riendas en diseñar esta publicidad, que lo único que ha logrado es pervertir aún más las mentes de nuestra vulnerable sociedad.

No me considero extremista, simplemente soy una madre como cualquier otra que se preocupa por lo que sus hijos ven en la televisión y por lo que observan al transitar por las calles de la ciudad rumbo a la escuela o cualquier otro lugar. Varias mamás me han comentado que cuando pasan por los grandes rótulos provocativos no saben qué hacer para que sus hijos pequeños dirijan su mirada y atención hacia otro lado. Esto es ridículo. No es posible que un niño, mientras ve televisión en los canales locales, sea víctima de un anuncio que muestra a jóvenes bailando eróticamente, en un bacanal desenfrenado, insinuando cosas que su mente de niño no es capaz de entender, y si es adolescente, que su mente vulnerable no es capaz de discernir. Están vendiendo que la cerveza, cuando se consuma en gran cantidad (porque sólo así se puede sentir lo que muestran las imágenes) transporte a un mundo de placer, alegre, sexual, atrevido y provocativo. ¿A quien quieren engañar?

Muchos hacemos un gran esfuerzo por enseñarles lo mejor a nuestros hijos, no sólo en el hogar sino también en la escuela. Las empresas tienen la correspondiente obligación moral de hacer una propaganda que no sirva de retroceso en esa educación. La sociedad está saturada de sexo, violencia, vicios y no es justo ni moral que lo sigan disfrazando de esa manera, interesándose únicamente en mayores ventas e ingresos. ¿Acaso no hay maneras más sanas de promover su producto sin recurrir a medidas machistas que sólo ven a la mujer como objeto de placer?

Me siento indignada de cómo el sexo femenino se vende como producto para tentar a los hombres. Me impresiona esta ceguera y que se siga haciendo día a día, en revistas, pasarelas, televisión, cine etc. Se ha perdido el valor por la belleza interior, y al final, cuando la persona envejece y ya no puede competir, la misma belleza que se vendía se torna en contra y se convierte en un rival invencible.

Lo que se puede hacer si se quiere construir una sociedad más sana, es exponer a nuestros hijos al bien, a las buenas costumbres, a los buenos ejemplos. Si queremos crear buenos hombres, criemos buenos hijos. Si queremos buenas madres, criemos buenas hijas. Debemos dar a los jóvenes las herramientas necesarias para que sepan distinguir entre el bien y el mal, entre la mentira y la verdad, entre el vicio y la responsabilidad. Hay que usar la publicidad responsablemente.

Quiero hacer un comentario final: si el producto en venta es realmente tan “búfalo” como aparece, ¿por qué tanto afán en promover el sexo y no la cerveza? ¿Será que ésta no tiene méritos propios?

* La autora es madre de familia.

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