Ernesto Cuadra
De los profetas de la Biblia quizás el más famoso es Jonás, el hombre que fue llamado para entregar un mensaje y huyó de ese deber. Nínive fue una ciudad corrupta de sangre.
La crueldad de Asiria es ampliamente documentada en tabletas cuneiformes, los reyes eran hambrientos de crueldad.
Cuando Dios informa a Jonás: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella, porque ha subido su maldad delante de mí”. Jon 1; 2; cuando Jonás finalmente fue a predicar su advertencia, dijo: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida Jon. 3; 4, tenemos una advertencia clara sobre lo que pasaría a esa ciudad, que es lo que podría suceder al mundo actual, a Nicaragua, debido a sus pecados manifiestos.
El mensaje de Jonás es que hay esperanzas para las naciones, especialmente Nicaragua que está siendo ahora advertida a través de la reflexión de esta palabra.
Personas carnales que no conocieron al Dios verdadero entendieron que el mensaje de Jonás venía de Dios. Ellos creyeron en Dios. Cuando Nínive se arrepintió Dios también se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo y la ciudad pecadora se libró de la destrucción.
Esto debe ser un estímulo para nuestra nación, pues si esta ciudad adora al único soberano, Dios, Jehová de los Ejércitos, Él oirá su clamor.
Jon 3, 5-6: “Y los hombres de Nínive (Nicaragua énfasis mío) creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza”.
El arrepentimiento comenzó con los dirigentes (gobernantes de Nicaragua) y luego se extendió a toda la ciudad: ricos, pobres, blancos, negros, líderes religiosos…
Que poderosa enseñanza sobre los líderes de una nación si se arrepintieran y se convirtieran al majestuoso Dios, por medio de su único Hijo Nuestro Señor Jesucristo.
Todo el sufrimiento de que hablamos se mitigaría, y la nación que se encuentra hoy asolada por diferentes razones (falta de empleo, aumento en el costo de los servicios y de la canasta básica, corrupción, alcoholismo, tráfico de drogas, casinos, pornografía en la TV por cable, crisis energética, etc.), podrá encontrar la bendición que tanto anhelamos los nicaragüenses para poder dejar un legado moral y espiritual a nuestros hijos y nietos que lo merecen.
La promesa bíblica está vigente: 2 Cr. 7; 14: “si se humillare el pueblo sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra”.
El poder de una nación no descansa sobre las bases de su riqueza material, sino sobre los fundamentos espirituales de sus instituciones.
La primera de éstas es la familia. Si ésta se debilita (con los males existentes de la sociedad) se corre el peligro que toda la estructura se derribe.
Quisiera que todos los padres de Nicaragua pensaran en esto. Cuando los hombres cambien, la sociedad cambiará.
¿Será posible? Tú tienes la respuesta a través de la sangre de Jesucristo que perdona todas nuestras iniquidades y transgresiones, sin subterfugios.
El autor es doctor en teología