Mauricio Díaz Dávila*
El impacto de las presentaciones en Costa Rica del monólogo El nica, de César Meléndez (un nica-tico muy peculiar pues su obra es en parte su propio testimonio de vida), no ha sido suficientemente medido en cuanto a la positiva influencia en la conciencia colectiva de la nación costarricense, sobre la dimensión humana y los derechos humanos y laborales de nuestros emigrantes. En menos de tres años esta obra ha recorrido la geografía nacional costarricense penetrando en todos los estratos sociales, particularmente en centros de enseñanza de los estratos socioeconómicos altos, sensibilizando sectores históricamente prejuiciados ante la inmensa presencia de nuestros connacionales en ese país.
Cerca de cuatrocientas presentaciones en dos años y medio han permitido que unas 150,000 personas hayan convivido esta magistral obra, lo que da cuenta de un éxito sin precedentes en la historia teatral costarricense.
El nica no es una obra de teatro más, es un reclamo profundamente humano de un emigrante (“expulsado” para decirlo en lenguaje sociológico) de su propia Patria sea por las razones que sean y que, en nuestro caso son ya de sobra conocidas: pobreza, inestabilidad política, fenómenos naturales, etc, etc, etc.
Es un reclamo al Jesucristo de los pobres y desplazados de la tierra: ¿Por qué tu vida y la mía son tan parecidas? pregunta a un Cristo Crucificado, José Mejía Espinoza, un obrero de la construcción que previamente ha sido brutalmente golpeado como producto de ser lo que es, del color de su piel, de hablar como habla, de no pronunciar las eses, de la poesía dariana que le sale espontáneamente, de su historia, de su amor por la Patria tan cerca y tan lejos…
César Meléndez dignifica al nicaragüense, le devuelve su autoestima recordándole sus valores, su capacidad de trabajo, los sueños por una Patria mejor, la búsqueda de un abrazo permanente de dos naciones, que han hecho nacer una de las más bellas expresiones de amor y solidaridad sin fronteras.
Durante toda la obra el personaje cuestiona con energía el maltrato y las condiciones que le tocan vivir, pero a la vez se alza contra los estilos y modismos de quienes le critican por su modo de ser provocando una interconexión dinámica, electrizante y llena de sentimientos entre él y el público, al que en repetidas ocasiones “mete” en su propia piel.
El nica es también un llamado de atención hacia los propios nicaragüenses, los que a veces olvidamos la existencia de ese brutal fenómeno de la emigración y también, demasiadas veces, queremos hacer caer la responsabilidad del mismo en otros países… como para lavarnos las manos.
La creación de condiciones de estabilidad política, la lucha contra la corrupción, la creación de empleos, son tareas encaminadas a que un día en el futuro logremos que los mejores esfuerzos y sacrificios sirvan para enriquecer nuestra propia patria.
Esta obra es, en fin, una interpelación a la responsabilidad individual y colectiva, de Nación y Estado por la cautela, promoción y preservación de la dignidad de nuestros connacionales, de sus derechos humanos y laborales.
Nuestro más profundo agradecimiento a César Meléndez por haber convertido al nica emigrante y su esencia humana en una figura universal.
* El autor fue Embajador de Nicaragua en Costa Rica