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Burocratismo y trata de menores
El caso de la menor María Isabel Andrade Rocha, de 17 años, a quien hace un año la raptaron y llevaron ilegalmente a Guatemala, “donde fue obligada a ejercer la prostitución por desconocidos que la raptaron en la calle mientras se dirigía desde su casa al centro de salud” (LA PRENSA, martes 13 de abril del 2003), ha indignado a la opinión pública porque resalta dos graves problemas, entre los muchos que sufre la sociedad nicaragüense.
Por una parte está el tráfico de mujeres en general y de menores en particular, con fines de prostitución, tanto dentro del país como en el exterior; sobre todo en Guatemala donde en varias ocasiones los medios han denunciado y descubierto las redes de esa infame delincuencia. Al respecto cabe recordar que en 1999 LA PRENSA realizó y publicó un excelente reportaje de investigación, en el que se revelaron las operaciones de falsas agencias de empleo que engañan a muchachas con ofertas de supuestos empleos decentes en el extranjero, para llevarlas en realidad a centros de prostitución en Guatemala u otros países.
Inclusive algunas niñas son víctimas del tráfico de personas con fines de prostitución en el extranjero. O sea que no es único el caso de la joven Andrade Rocha, quien todavía se encuentra en un centro de reclusión de menores en Guatemala, a la espera de que se desenrede la intrincada madeja del burocratismo nicaragüense y pueda regresar a Nicaragua para juntarse con su madre y demás familiares que la esperan en Chinandega.
A propósito, el otro grave problema que este caso ha puesto en evidencia y ha molestado mucho a la ciudadanía es la ineficiencia gubernamental. En realidad, es inconcebible que después de cuatro meses y medio de que una juez guatemalteca informó al Consulado de Nicaragua en Guatemala que había ordenado la repatriación de la joven Andrade Rocha, ésta no hubiera podido viajar de regreso a Nicaragua por el atraso de los trámites migratorios. Más bien este caso se debió haber tramitado con la máxima rapidez, pues no se trata de un turista o viajero de negocios que perdió su documento de identidad o de viaje, sino de una menor de edad víctima de un crimen execrable.
En ocasiones anteriores hemos señalado que el burocratismo —es decir la lentitud e ineficiencia en los trámites administrativos del Estado—, causa más pérdidas al país que la misma corrupción, a pesar de que ésta ha sido tan grande en Nicaragua que el ex presidente Arnoldo Alemán figura entre los diez personajes políticos más corruptos del mundo, según el Informe Global Sobre Corrupción que Transparencia Internacional dio a conocer el 24 de marzo recién pasado en Londres, Inglaterra.
Al parecer muchas personas que ocupan cargos públicos no entienden aún que cuando se dice que en la democracia el Estado es un facilitador, esto no se refiere sólo a facilitar las inversiones y negocios de la empresa privada, sino también a hacer más fáciles y rápidos los trámites que los ciudadanos comunes y corrientes tienen que realizar obligatoriamente en las distintas entidades gubernamentales o estatales.
Son muy pocos los funcionarios públicos que comprenden que el arte de gobernar no consiste en hacer propuestas espectaculares, de grandes metas y a lejanos plazos, sino en facilitar la solución de los problemas ordinarios de las personas, resolver de manera rápida y eficiente los asuntos cotidianos de la administración, identificar los vicios administrativos y desarraigarlos rápidamente, aligerar el servicio público y facilitar las relaciones entre el Estado y las personas.
Volviendo al caso del tráfico de personas, inclusive menores, con fines de prostitución, éste es un delito que se persigue y castiga severamente en todas partes del mundo. Y con mucha mayor razón cuando se trafica con menores de edad y a nivel internacional.
En Nicaragua existen los instrumentos legales y los convenios de cooperación internacional para combatir este grave delito. Pero éste se continuará cometiendo de manera inevitable, mientras las autoridades correspondientes sigan castradas por la ineficiencia burocrática como la que han demostrado en el caso de la niña chinandegana quien hasta ayer seguía esperando en Guatemala que la quisieran regresar a su Patria y su familia.