Ofilio Velásquez C.
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Cortinas de humo y nuevas alianzas
Ofilio Velásquez C.
Nicaragua ha vivido de crisis en crisis, tragedias, asaltos, asesinatos y cortinas de humo. No es momento de venir a señalar quienes han sido los mejores en esta triste competencia del engaño, la mentira, la sangre y pactos; eso ya cada uno de nosotros tenemos la certeza de quienes son los campeones.
Los sandinistas siempre han disfrazado sus atropellos utilizando disfraces personales, convirtiéndose de diablos en bailarines cantantes de rock, de insultos y abusos en contra de la Iglesia Católica y sus más altas autoridades a convertirse engañosamente en los más respetuosos de la autoridad eclesial. Ahora son, de la lengua al labio, grandes cristianos. El extemporáneo caudillo sandinista ha sido maestro junto con su dirección y asesores, en la manipulación de las organizaciones de masas para cubrir sus desafueros.
No hay que olvidar que después de acontecimientos trágicos que sacuden la conciencia nacional, inmediatamente que el dedo acusador del pueblo los señala, comienzan a utilizar las cortinas de humo para distraer la atención hacia otras situaciones que ellos mismos han venido preparando.
Por otro lado, el otro caudillo que también ha esquilmado a nuestro empobrecido pueblo ha sido un maestro en el manejo de las cortinas de humo, y los dos juntos han manejado en conjunto el engaño, la mentira y los pactos.
El provocar los enfrentamientos disfrazados entre los dos anacrónicos caudillos es también parte del proceso de distraer la atención de los grandes temas y errores que a diario cometen ambos, para dirigir la atención pública hacia otros temas y hacia las personas que los señalan como los causantes de las tropelías contra el pueblo nicaragüense.
Definitivamente hay una unidad de propósitos encubierta entre estos dos desplazados caudillos, con la inútil finalidad de seguir teniendo el espacio para seguir cometiendo atropellos que esquilman al pueblo para beneficio de sus propios intereses políticos y ya abultados bolsillos.
Manejo desalmado de los que padecen la tragedia del Nemagón, de los maestros, de los pobres, etc. Acomodos en la situación caótica de la directiva de la Corte Suprema de Justicia, en donde se arreglan sentencias millonarias como la de Agroinsa, entre otras, para realizar pactos a costas de los escuálidos bolsillos del pueblo que es el que tendrá que pagar a los que han defraudado a las empresas y bancos del país y se han repartido el botín.
Ésa es la Nicaragua de las cortinas de humo. Ésa es la Nicaragua que vivimos por causa de algunos pocos que insisten en mantener, a dos caudillos arcaicos que debemos extirpar.
Si antes la lucha de los demócratas era en contra de lo que el FSLN representaba desde los ochenta, hoy en esta nueva Nicaragua se deben conformar con amplitud nuevas alianzas que luchen desde sus trincheras, con determinación, para erradicar de una vez el caudillismo de Arnoldo y Daniel, que es la causa de los males que con estoicismo nuestro pueblo continúa aguantando.
Ante esta perspectiva, la pelota la tienen los hombres y mujeres que en sus diferentes conglomerados políticos comparten estos conceptos: los Herty Levites, Alejandro Martínez Cuenca, los Víctor Hugo Tinoco, los Hugo Torres, los Miguel López, los Ernesto Leal, los José Antonio Alvarado, los Pedro Joaquín Chamorro, los Carlos Noguera, los Alejandro Fiallos, los William Báez, los Leonel Teller, los Pedro Solórzano, y en especial el licenciado Eduardo Montealegre que tanta popularidad tiene en el ámbito nacional.
Esperemos sus respuestas.
El autor es ganadero nicaragüense.