El diablo metido a predicador

Hortensia Rivas Zeledón

Cuando la cúpula sandinista se adueñó del poder y de Nicaragua por medio de la vía armada, el país estaba en una buena situación económica a pesar de la corrupción del régimen somocista y de las huelgas generales y las insurrecciones de 1978 y 1979.

Muchos de esos señores nunca habían trabajado ni administrado nada, lo único que sabían era asaltar bancos y secuestrar a políticos adversarios para obligarlos a negociar con una pistola en la sien y de esa forma obtener todo lo que querían (eso también es terrorismo)

En concordancia con su ideología marxista-leninista impulsaron una serie de transformaciones económicas, políticas y sociales; y con la misma velocidad que éstas avanzaban, la economía se derrumbaba, el salario de los obreros, profesionales, médicos y maestros se desvanecía, el desajuste económico crecía a pasos agigantados, tanto que los sueldos perdieron su significado al grado que lo que se devengaba en un mes alcanzaba sólo para tres días.

Antes del totalitarismo sandinista la diferencia salarial entre un profesor de educación media y un maestro de primaria era de trescientos cincuenta por ciento, pues mientras un maestro de educación primaria graduado tenía un sueldo mínimo de ciento veinte dólares, un profesor de educación media recibía mensualmente cuatrocientos dólares como sueldo mínimo.

En los años ochenta la economía del país cayó tan estrepitosamente que los sueldos de los maestros se pulverizaron y un maestro de primaria llegó a recibir mensualmente el equivalente de diez dólares y un profesor de secundaria el equivalente de 12 dólares mensuales como máximo; con esa medida socialista se igualó en salario a los maestros de primaria y secundaria y se cumplió lo que dijo una vez un dirigente sandinista, que iban a repartir la miseria. Esa situación salarial todavía persiste porque los dirigentes sindicales no sandinistas comparten los mismos criterios que los andenistas, por eso cada vez que demandan reajuste de sueldo lo hacen de forma igualitaria sin tomar en cuenta la eficiencia, la disciplina, la complejidad del trabajo del docente y la diferencia de calificación.

Indiscutiblemente se debe mejorar el salario de los maestros, de todos los profesionales y obreros, pero no hay que perder de vista que estos señores que encabezan las demandas son los mismos que destruyeron la economía y a todo el país, que hicieron el atraco más grande de los bienes del Estado con la piñata sandinista, que son los mayores responsables de los malos salarios y que con sus chantajes y boicot no permiten que la economía del país crezca. Tampoco hay que olvidar que cuando ellos mandaban era prohibido reclamar aumento salarial y hacer huelga, y descargaban todo el peso del poder revolucionario contra los huelguistas, que eran acusados de agentes de la CIA; Daniel Ortega, Fernando Cardenal y los andenistas decían que los maestros eran improductivos, por eso los obligaban a cortar café y algodón, a trabajar sábado y domingo en jornadas rojinegras y a incorporarse en los batallones de reserva.

Ahora tienen el descaro de presentarse como defensores de los maestros porque creen que ya nadie se acuerda del pasado. Pero se equivocan, habemos muchos que no olvidamos nada y sabemos muy bien que ellos son única y exclusivamente nada más que diablos metidos a predicadores.

La autora es maestra.

Editorial
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