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La otra guerra de Irak
De hecho son dos guerras las de Irak: una, la que libra la resistencia terrorista contra la ocupación militar de Estados Unidos y sus aliados; y otra, la política y de información que tiene lugar en Estados Unidos, Europa y de hecho en todas partes del mundo.
Esta otra guerra de Irak no es sangrienta, como la del terrorismo, pero es igualmente despiadada, al grado de que amenaza con poner fin a los gobiernos del presidente George Bush, en Estados Unidos, y del premier Tony Blair, en el Reino Unido.
De esta otra guerra de Irak, cuyo eje es la acusación contra Bush y Blair de que engañaron a sus respectivos pueblos con informes falsos o exagerados sobre la amenaza de Saddam Hussein contra Occidente, a fin de justificar la intervención militar en Irak para derrocarlo, se pueden extraer algunas conclusiones importantes.
La primera es que Hussein fue ante todo víctima de su propia arrogancia y fanfarronería: igual que cualquier otro déspota totalitario —Hitler, Stalin, Ceacescu, Polpot o Fidel Castro—, el genocida de Bagdad se pasaba el tiempo alardeando sobre su poderío militar que incluiría armas de destrucción masiva, así como también acerca de su supuesta valentía personal y su intención de exterminar al “enemigo de la humanidad”, que según él no sólo es Estados Unidos —como dicen los sandinistas en Nicaragua—, sino todo el mundo occidental, en particular su sistema de vida democrático y sus valores fundados en la fe cristiana, la dignidad de la persona humana y la libertad individual.
La segunda conclusión es que en los países que se gobiernan democráticamente no se debe mentir a los ciudadanos para justificar ninguna acción política y gubernamental, por muy bondadosa y bien intencionada que ésta sea o pretenda ser. Y tampoco se debe exagerar ninguna situación con esos mismos propósitos, pues la verdad siempre termina por relucir y los políticos y los gobernantes que mintieron o exageraron terminan pagando de una u otra manera las consecuencias de su falta de veracidad y transparencia.
Por otra parte, esta otra guerra de Irak —que se libra en el terreno de la política y en los medios de prensa—, es una nueva comprobación de la inmensa superioridad de la democracia, a pesar de todos sus defectos, con respecto a cualquier forma autoritaria y totalitaria de gobernar una nación y de manejar la política internacional.
Sólo en la democracia es posible hacer que salgan a luz y se discutan públicamente con toda amplitud asuntos como los que se están ventilando ahora en los escenarios políticos y los medios de comunicación masiva de Estados Unidos, Inglaterra, España y prácticamente todo el mundo.
No es posible ni siquiera imaginar que algo como esto pudiera ocurrir en el Irak de Hussein cuando éste libró la guerra contra Irán y ordenó el exterminio de la población kurda iraquí. Ni podía ser posible en la Nicaragua sandinista, durante la guerra del EPS contra la Resistencia y cuando el FSLN trataba de exportar la revolución hacia otros países centroamericanos. Como tampoco podía ser posible en Cuba, en la época de las intervenciones militares castristas en diversas partes del mundo, ni ahora.
A propósito, en esta misma edición de LA PRENSA publicamos un escrito del periodista argentino y directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Ricardo Trotti, sobre una conversación telefónica que él sostuviera con la esposa del periodista cubano Raúl Rivero —también directivo de la SIP—, quien está preso en Cuba cumpliendo una condena de 20 años de prisión, por las “actividades subversivas” de haber fundado una agencia de noticias y una revista independientes, “todo hecho a cara descubierta y a la luz del día”, como dijera el escritor cubano exiliado, Guillermo Cabrera Infante. Y casi veinte periodistas más cumplen penas de prisión hasta de 25 años, por el mismo “delito” de querer informar en forma independiente del Estado y del Partido Comunista de Fidel Castro.
Pero los políticos y periodistas que claman contra la intervención de Estados Unidos y sus aliados en Irak, y que defienden de manera directa o indirecta a Hussein y los terroristas, porque son anti-yanquis, guardan cómplice silencio ante la falta de libertad de prensa en Cuba.