Federico Dueñas
Desde hace tiempo he insistido a los gobiernos en turno sobre la prioridad de fomentar turismo profesional hacia Nicaragua.
Reporta Inturismo que el año pasado ingresaron al país 150 millones de dólares y que llegaron quinientos mil visitantes. ¿Cuántos de estos visitantes fueron nicas que vinieron a visitar a sus familiares provenientes de Estados Unidos y Costa Rica principalmente y no son propiamente turistas tradicionales, ya que el gasto per cápita diario es prácticamente marginal si se considera que un turista extranjero gasta un promedio de cien dólares diarios entre habitación, alimentos, diversiones y souvenires. Por favor, no nos dejemos llevar por la finta, ni las cifras tintineantes oficiales. El turismo en el país está muy por debajo de lo esperado, aunque sea hoy día la segunda fuente de ingresos al país, después de los estimados ochocientos millones de dólares que llegan provenientes de envíos de los cientos de miles de nicas que tuvieron que salir a buscar fortuna, por no tener oportunidades de trabajo en su país.
En el mismo período Costa Rica tuvo ingresos de mil doscientos millones de dólares por turismo y Cuba el año pasado recibió casi mil quinientos millones por el mismo concepto. No hablar de México, Bahamas y el Caribe. Hay un largo y tortuoso camino por recorrer. Pero iniciémoslo con verdades puras y no verdades a medias, que terminan siendo vulgares mentiras. Hablemos de una efectiva ley de fomento y protección para inversión turística que compita favorablemente en el área. Hablemos de leyes que efectivamente garanticen al inversionista local y extranjero sobre el capital que invertirá aquí.
Hablemos de leyes y jueces honestos que respeten y hagan respetar la Constitución. ¿Quién garantiza la tenencia de la tierra y la propiedad si tenemos encima de nosotros la negra mancha de la piñata sandinista?
Indudablemente el potencial turístico de Nicaragua es ilimitado, si hay habilidad, capacidad, infraestructura y recursos para manejarlo adecuadamente. Éste es el país más seguro de Centroamérica. Actualmente está la moda del turismo naturalista y ecológico a nivel mundial. La regla mágica de: “sun, sand, sea and sex”, funciona y funciona bien. Se puede aplicar aquí con las medidas adecuadas, si los excesos se penalizan oportunamente, si se evita el lavado de dólares y la pedofilia, si se regulan y sancionan con firmeza las operaciones y pago de impuestos de los casinos de juego. Esta “industria sin chimeneas” ofrece excelentes oportunidades de trabajo que contribuyen a preservar la cultura y tradiciones locales. No requieren de técnicos sofisticados, ni modernas maquinarias cibernéticas. Hay oportunidad de crear miles de trabajos directos e indirectos permanentes.
Dicho sea de paso, entiendo que está estrictamente prohibida la entrada a menores de edad a los casinos. Bueno sería que las autoridades correspondientes visitaran y sancionaran con firmeza al casino que admita a adolescentes y les sirvan bebidas embriagantes. ¡No se vale! Si comenzamos así… estaríamos comenzando muy mal.
El autor es empresario.