Cafta y la importancia de exportar la estabilidad regional

Naotaka Matsukata*

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Cafta y la importancia de exportar la estabilidad regional


Naotaka Matsukata*




El 17 de diciembre, Estados Unidos firmó un acuerdo de libre comercio con cuatro países de la América Central. El tratado trae a Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala dentro del marco de Norteamérica en una medida que, al igual que el TLCAN antes de eso, agregará inmensurablemente a la integración, la estabilidad y la democratización regionales. Aunque la mayoría de los críticos y analistas se concentran en los beneficios del acuerdo en lo que se refiere al crecimiento de las exportaciones y los empleos, es importante tener presente el valor económico y político a largo plazo que el TLCAC representa para Estados Unidos.

Las aportaciones de la política de libre comercio de Estados Unidos al bienestar del país a menudo no se aprecian lo suficiente. Sin embargo, el TLCAC demuestra claramente que una política dedicada de libre comercio llevará a muchos beneficios para Estados Unidos que no son inmediatamente evidentes, ni para los críticos ni para los partidarios. Un aspecto importante es que el nuevo acuerdo con los países centroamericanos sigue los pasos del TLCAN, el que se podría decir ha sido el éxito más grande de la política de libre comercio estadounidense.

El TLCAN, el cual celebrará su décimo aniversario en enero, ofrece una trayectoria poderosa de crecimiento y prosperidad para Estados Unidos, Canadá y, muy significativamente, México. En la primera década del acuerdo, el comercio total entre los socios más que duplicó, ascendiendo a US$621 mil millones en 2003, y las exportaciones de Estados Unidos a Norteamérica han crecido de US$142 mil millones a US$263 mil millones en el mismo período de tiempo.

Los críticos que temían que TLCAN engendraría una “carrera hacia el fondo” que hundiría la economía mexicana no pudieron haber estado más equivocados. En los últimos 10 años, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos crecieron por un asombroso 242 por ciento y el comercio vinculado a TLCAN es responsable de la creación de más de un millón de empleos nuevos. Estos trabajos de exportación nuevos emplean ahora a uno de cada cinco trabajadores mexicanos, los cuales ganan salarios 37 por ciento más altos que sus contrapartes en trabajos que prestan servicio a la economía mexicana nacional.

Algo muy importante para lo que presagia TLCAC para la estabilidad regional es que en el mundo actual pos-Guerra Fría, unos vecinos estables y fuertes aumentan la seguridad de Estados Unidos, y el libre comercio tiene un papel esencial que jugar en el fortalecimiento de nuestros vecinos. La recién adquirida prosperidad de México bajo TLCAN sentó las bases para la transición de dicho país a una democracia vibrante y, a la misma vez, estable, con partidos múltiples, que juega un papel cada vez más importante en los asuntos mundiales. Lo que comenzó, aparentemente, como un acuerdo de comercio, llegó a ser la piedra medular de la transformación de México a una democracia liberal moderna y un socio responsable en Norteamérica. Como una vía hacia la estabilidad regional, la experiencia mexicana sirve como modelo que sus vecinos pueden emular. Debe ser evidente, incluso para los críticos más mordaces del libre comercio, que tales desarrollos benefician la seguridad de Estados Unidos.

Los críticos en el Congreso y otras partes advierten también que el TLCAC no aborda lo suficientemente los derechos laborales y las preocupaciones ambientales. En este caso, también, están equivocados, y, en este caso, también, el TLCAN proporciona un ejemplo positivo de cómo la política de comercio trabaja hacia el logro de prestaciones sociales más amplias para los trabajadores de todo el hemisferio.

En México, 10 años de TLCAN han ocasionado un examen intensivo de las prácticas laborales locales por parte de observadores de Canadá y Estados Unidos. A su vez, este enfoque político ha llevado a decisiones judiciales mexicanas que han fortalecido las normas laborales básicas y han mejorado las condiciones, tanto para los sindicatos como para los trabajadores. Los compromisos laborales del TLCAC prometen mejoras semejantes para los trabajadores de América Central. Además, al mejorar, de acuerdos preferenciales unilaterales, tales como el Sistema Generalizado de Preferencias, a un acuerdo de libre comercio cabal con Estados Unidos, los países de la América Central se comprometen con un proceso transparente de resolución de controversias que incluye los temas laborales, y proporciona mayor acceso de ciudadanos y grupos interesados a mecanismos gubernamentales para abordar los asuntos laborales.

El texto ambiental del TLCAC ofrece posibilidades similarmente positivas. Mientras que, actualmente Estados Unidos no tiene acuerdos ambientales vinculantes en la región, el TLCAC introduciría compromisos nuevos sobre la protección del medio ambiente y la colaboración técnica. El acuerdo va más allá incluso de los acuerdos de libre comercio recientes de Estados Unidos con Chile y Singapur, aumentando el acceso de la sociedad civil con respecto al impacto ambiental del comercio e introduciendo índices referenciales reconocidos a nivel internacional con respecto a los objetivos para la colaboración ambiental. En la América Central, Estados Unidos ha encontrado a socios dispuestos en los esfuerzos por abordar los objetivos de protección ambiental a través del comercio.

Los beneficios pragmáticos del TLCAN han sido subvalorados desde hace mucho tiempo. No debemos permitir que el Tratado de Libre Comercio Centroamericano, y los tratados potenciales con la República Dominicana, Panamá y los países andinos sufran de un proteccionismo cínico. Más exportaciones, más inversión, empleos nuevos, salarios más altos, leyes laborales mejoradas y normas ambientales mejoradas –todas pruebas ofrecidas por el TLCAN de que el libre comercio apoya nuestros valores tanto como a nuestros intereses económicos y políticos. Al cumplir su décimo aniversario, TLCAN proporciona un camino seguro hacia el logro de una estabilidad duradera y la democratización de la región. El TLCAC ofrece los mismos beneficios a nuestros socios en la América Central, y a fin de cuentas, estaremos beneficiándonos implícitamente al extender el libre comercio aún más en la región.

* El autor fue director de Planificación de Política del Representante de Comercio de Estados Unidos.

Editorial
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