Nuestros bosques se extinguen, salvémoslos

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Nuestros bosques se extinguen, salvémoslos





Lo que sucede actualmente a nuestros bosques y a nuestro ecosistema en general, es una verdadera tragedia, porque si continúa el despale irresponsable con el ritmo que lleva nuestras reservas forestales desaparecerán, pues se calcula que en los últimos cincuenta años se removió la mitad de nuestros bosques. Felizmente hay voces patrióticas que “claman en ese desierto ecológico” como la del doctor Jaime Incer Barquero quien insiste en que debe montarse cuanto antes todo una estrategia nacional, como el Plan de Acción Forestal que él propuso cuando fue ministro del Marena, que deberá ser presidida por el Gobierno, a fin de detener esa dilapidación y deterioro de nuestro hábitat. A ese respecto fue una lástima que los países escandinavos retirasen la ayuda que daban al sector forestal por muchos años, al notar la indiferencia de los gobiernos.

Un cálculo muy aproximado, estima que anualmente se destruyen de 130 a 150 mil hectáreas de bosques. En su lugar quedan áridas llanuras desprovistas de árboles evitándose con ello, la absorción por el subsuelo del agua de lluvia y consecuentemente, la pérdida de corrientes fluviales que nos provean agua potable y del líquido vital para regar plantaciones. Por otra parte, si no ha sido por la valiosa ayuda del gobierno alemán que financia el rescate de nuestro bello recurso acuífero, el lago Xolotlán, éste se hubiera convertido en pocos años en un insalubre e inútil reservorio de aguas infectadas, camino también por el cual va el lago Cocibolca.

¿Qué factores han causado este insistente y grave deterioro ecológico? Señalemos en primer lugar al irrespeto a la naturaleza que muestra nuestra cultura. Los nicaragüenses no tenemos inclinación a conservar y disfrutar la naturaleza. Los jardines caseros son una excepción y no acostumbramos presentar flores como homenaje a nuestros seres queridos, excepto cuando fallecen. Los parques públicos lucen abandonados y sucios. El único “arboretum” del país, donde enseñamos a niños, adolescentes y adultos nuestra rica variedad de plantas no tiene presupuesto para mantenerse y ampliarse. En otras palabras, no tenemos una cultura vinculada al árbol. De ahí que a los recursos vegetales los consideráramos como inextinguibles o de poco valor, los que podemos destruir sin reponerlos, aprovechándolos sin embargo para nuestro inmediato beneficio. Ese es el caso del uso y abuso de la leña para armar el tradicional fogón de tenamastes, empleado para cocinar alimentos. Es un procedimiento primitivo, ineficaz y costoso. Baste mencionar que apenas el siete por ciento del calor que despide la madera es utilizado; el resto se dispersa en humo venenoso.

Todavía importamos de Costa Rica toneladas de carísimos arreglos florales, cuando en los departamentos del norte pudiéramos cultivarlas más frescas, vistosas y baratas. Lo más triste del caso es que existe en Nicaragua planes forestales incumplidos, leyes inobservadas y fondos que se gastan en otras actividades. El colmo es que el Instituto Nacional Forestal (rama del Mag-For) carece de presupuesto significativo y vive paradójicamente de la venta de concesiones. Como autoridad ese instituto no tiene mando verdadero para detener abusos de autoridades, como la militar.

Es lógico que en este ambiente, donde no hay presencia del Estado en la forma de guardias forestales armados, ni se incuban juicios para castigar culpables y contemos con personal mal pagado y sin vehículos, surjan poderosas mafias madereras, vinculadas a gente influyente, que soborna a funcionarios públicos y compra vigilantes en las carreteras, y ocultan cargamentos de madera preciosa para exportarla sin ningún permiso. Hay que prohibir el tráfico por la noche y fines de semana de maderas, cuando los controles del Estado no son tan efectivos.

Por razones culturales, seguimos considerando al bosque como un recurso disponible, o un estorbo que debe quitarse, dejándolo al arbitrio de un audaz depredador, sin reparar que un manejo racional del bosque con reposición sistemática de los árboles cortados, bien puede convertirse en una empresa rentable, sin por ello perjudique la salud ambiental. Incluso se estima de más rendimiento económico superficies dedicadas al bosque sostenido, que la ganadería con extenso pastoreo y la agricultura sin métodos modernos de explotación.

Editorial
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