Carlos René Ramírez
He escrito en varias oportunidades sobre lo absurdo de llamar cooperativas a las empresas de los buseros y taxistas. Molesta profundamente a mi conciencia cooperativista que se les otorgue el título de lo que realmente no son, salvo unas poquísimas excepciones.
Cuando estuve en Israel usé los servicios de la Cooperativa Eged de transporte de buses, y después dialogué con sus dirigentes que externaron conceptos totalmente apegados a los principios establecidos para el movimiento cooperativista. Ellos nunca en su historia pensaron ponerse en huelga ni presionar al gobierno para obtener beneficios personales.
En otros países latinoamericanos también existen cooperativas de buses y taxis, cuya ortodoxia no puede ser comparada con la pantomima de lo que existe en Nicaragua.
Se conocen muy bien los orígenes de la distorsión del movimiento cooperativo y especialmente del relacionado con el transporte, en Nicaragua. Se recuerda a los famosos Parrales Vallejos (“cooperativa” sandinista de buseros), cuyo emblema no eran los pinos verdes del cooperativismo sino una llanta ardiendo, mostrando así sin ningún pudor los propósitos de su asociación, ante el estupor y repudio de los verdaderos cooperativistas nacionales e internacionales.
Los abusos de estos señores que no son cooperativistas ni por asomo y que siendo dueños de las unidades nunca han practicado los principios del cooperativismo, y los empleados que contratan como chóferes y ayudantes, están estereotipados como la antítesis de las buenas relaciones humanas. Y en la mediocridad de sus mentes llevan el instinto de dañar a las personas en vez de brindarles un excelente servicio, como se hace en otros países.
Una vez le pregunté al doctor Francisco Rosales, cuando era ministro del Trabajo, por qué no suspendía la personalidad jurídica a la anticoperativa de la llanta ardiendo, y me contestó que políticamente no convenía.
Los tiempos han cambiado para pensar de esa manera. Lo político de antes estaba ligado a la corrupción. Ahora existe un gobierno líder del continente en la lucha contra la corrupción y la politiquería. Hay que eliminar los chantajes cotidianos que de manera absurda e insólita le plantean al gobierno, y el atropello permanente a la ciudadanía de parte de quienes se hacen llamar cooperativistas y no lo son.
Sugiero a las autoridades correspondientes que les suspendan la personalidad jurídica en el menor tiempo posible, y que se conviertan en empresas mercantilistas que es lo que representan. Así se terminarán esas uniones y federaciones de cooperativas de transporte que realmente no lo son.
El autor es consultor de crédito rural y cooperativismo.