Eduardo Enrí[email protected]
Los magistrados de la Comisión Disciplinaria de la Corte Suprema de Justicia tienen citado al Subprocurador General de la República, Francisco Fiallos, por supuesta “indisciplina”. La falta grave del Procurador fue decir que en el Poder Judicial existe una gran corrupción. Eso no es indisciplina, ni siquiera es un secreto. Todo mundo en Nicaragua lo sabe.
Ahora, si el Procurador es “indisciplinado” por decir la verdad, de qué podemos calificar a los magistrados que violan la Constitución Política, la Ley suprema de la República, y además han permitido que la corrupción haga nido en los Juzgados.
Tal parece que los magistrados son tan delicados como el cristal y me imagino que si se ofendieron por lo que dijo Fiallos, con que se les diga que son violadores de la Constitución debe ponerlos verdes de furia. ¿Pero de qué otra manera podemos llamar a un grupo de jueces que pueden ser fácilmente clasificados por su tinte político? ¿Acaso no es eso violar el artículo 165 que los manda a obedecer la Constitución y la Ley? No vayamos muy largo, el mismo Presidente de la Comisión Disciplinaria de la CSJ, Rafael Solís, dijo que él llegaba a la Corte a defender los intereses de su partido, el Frente Sandinista.
Pero no sólo los sandinistas son culpables de este pecado. Los liberales hasta van a las convenciones de su partido con el pretexto de que “van a donde los invitan”. Ahí no les importa pisotear “la dignidad de su cargo”.
Además, violan el artículo 163 que dice: “La Corte Suprema de Justicia estará integrada por 16 magistrados…” Aunque esa cantidad es una locura, ni modo, eso es lo que dice la Ley, pero ellos han decidido que son 11 nada más los que integran la Corte y toman así las decisiones que les da la gana.
Pero dejemos en paz la Constitución. ¿Qué han hecho para limpiar el Poder Judicial de la corrupción que le carcome? Muy poco, aparte de unas cuantas decisiones sosas, como por ejemplo “la sanción” al juez Sabino Hernández, que fue enviado a la jurisdicción de Río San Juan como castigo por haberse reunido en Panamá con uno de los hermanos Centeno Roque, responsables de la quiebra del Interbank.
Tan absurdo fue ese “esfuerzo por limpiar el Poder Judicial”, que si el juez Hernández es corrupto, entonces se puede asumir que lo mandaron a un paraíso, una zona fronteriza, lejos de cualquier control, donde puede hacer y deshacer. Y si el juez Hernández no es corrupto, pues lo mandaron a un paraíso también donde su carga de trabajo es menor que la que tenía en Managua y se puede tomar su tiempo para decidir los casos.
Así que en vez de estar llamando al Subprocurador Fiallos a un juicio al mejor estilo de la Santa Inquisición, pretendiendo que al igual que Galileo se retracte de haber dicho una verdad absoluta, los señores y señoras magistrados deberían estar más preocupados por limpiar su propia imagen, manchada por el odioso tinte partidario y las negociaciones políticas entre ellos; y la triste imagen del Poder Judicial. Según Cid Gallup de noviembre pasado, el 59 por ciento de los nicaragüenses tienen poca o ninguna confianza en los procesos judiciales.
Que pongan su barba en remojo, porque a propósito de Cid Gallup, en la encuesta de este mes, el 72 por ciento opinó que hay demasiados magistrados en la Corte Suprema y que hay que reducir el número. O sea, que sobran.