Bajas pasiones e incertidumbre nacional

Mario Sandoval Aranda

Negros nubarrones se están formando en el cielo nicaragüense, presagiando el mal. Se está viviendo en una incertidumbre nacional, carentes de amor a la Patria, en medio de luchas políticas impulsadas por el odio y las bajas pasiones, no se piensa en Nicaragua, sólo en el bienestar propio, en detrimento de los intereses patrios.

Se promulgan leyes fachadistas, demagógicas, que son en realidad letra muerta pues su fundamento social es aparente, falso, en realidad no existe. Y así se ve cada día más pobreza, más desempleo, más desajuste salarial.

Los políticos se enfrascan en luchas por cuotas de poder, por controlar los poderes públicos mediante intrigas antipatrióticas, marginando los intereses del empobrecido país, olvidando su misión de buscar solución a las necesidades urgentes que tiene el pueblo que los eligió lleno de esperanzas, ignorando que estaban adheridos a un absurdo.

Hay que apagar en el corazón la hoguera de tanto odio, la negación de los valores morales. Hay que acoger de nuevo las virtudes cívicas, hoy olvidadas a pesar de que son tan necesarias. Que todos unidos sin distingos de colores políticos y facciones se sienten alrededor de la mesa del gran diálogo nacional, que desde hace mucho tiempo los está esperando, para que de allí surjan las bases definitivas de la reconciliación nacional, sin amarres ocultos y traicioneros, con una nueva cultura política de amor patrio, pensando todos en función de nación, de prosperidad nacional.

Todos los problemas deben arreglarse mediante el consenso de la paz social. Los poderes del Estado deben garantizar la institucionalidad de la República, la democracia, las libertades públicas y el estado de derecho, con gente nueva, no viciada, que se entregue sin reservas a la Patria.

Es necesario evitar la inconformidad social de las masas desesperadas al no tener respuestas redentoras a sus justas demandas de trabajo, salud, techo, educación, justicia, que forman la conciencia colectiva de la paz social, naciendo una convivencia bella de solidaridad, como existe en ciertos países europeos, lo cual por tanto no es utópico. Con un nuevo sentimiento de puro humanismo, que es lo único que puede salvar a los nicaragüenses de la coyuntura actual en que están sumidos, ya que todos son hijos de la misma madre, de Nicaragua, por eso son hermanos nicaragüenses. Que sus hijos y las futuras generaciones tengan credibilidad en sus instituciones y respeto por las personas que las integran.

En la mesa del diálogo es impostergable tomar en cuenta a las masas populares a través de sus organizaciones, y a la clase trabajadora por medio de sus sindicatos y centrales obreras, pero gremiales, no politizadas, para oír y tomar en cuenta sus opiniones, y no sólo al sector empresarial, ya que juntos forman los dos brazos de la producción.

Estos cruciales momentos no son para que los políticos saquen ventajas partidistas. Está en juego el futuro del país, la prosperidad de Nicaragua. Hay que procurar que vengan los beneficios de nuevas fuentes de trabajo, por los programas que se van a desarrollar y llevar a efecto a través de los préstamos indispensables, en bien del mismo pueblo.

Ante la crítica insolvencia presupuestaria, para no hacer ilusoria las justas conquistas salariales del sector social, y mantenerlas, es indispensable la reforma tributaria, mediante una inminente iniciativa de ley, a fin de obtener los cuatro mil millones de córdobas y poder cubrir el déficit fiscal. Evitando en esta forma ser sacados de los programas del Fondo Monetario Internacional, que es la única salvación nacional.

El autor es escritor y catedrático de Derecho.  

Editorial
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