Resulta difícil entender los alcances de la guerra en Irak sin conocer el papel que juega el mundo árabe con su importancia y debilidades en el conflicto, cuyos efectos son imprevisibles. También es fundamental descartar estereotipos que clasifican a todo árabe-musulmán como terrorista.
Es cierto que todas las naciones colindantes con Irak pertenecen, como éste, a la civilización árabe (Jordania, Siria, Arabia Saudita, Kuwait), exceptuando Irán, que es persa, y Turquía, que es otomana. No obstante, si bien en la gran mayoría de esos países se practica la religión musulmana como única o principal fe, hay otras civilizaciones no árabes en las que también se profesa la devoción mahometana, como India, Indonesia, Pakistán, Filipinas, Sudán, gran parte de Rusia y China, etc. Por otra parte, hay árabes que pertenecen a diversas iglesias cristianas. Por eso es un error identificar a todos los árabes como devotos musulmanes, y mucho menos, llamarlos turcos como históricamente se ha hecho en Nicaragua, a nivel popular.
A propósito de eso, apenas el 20 por ciento de las personas que practican la religión de Mahoma (el Islam) son árabes. Por lo demás, entre los seguidores del Islam hay diferentes sectas que se confrontan entre sí, como el fundamentalismo radical, los bahais, shiitas (reformistas) y sunnitas (tradicionalistas). Así, el gobierno de Siria invadió el Líbano en 1976, en tanto que el shiita Saddam Hussein pretendió anexar Kuwait a Irak, y luego de terminada la primera Guerra del Golfo, en 1991, reprimió a la minoría sunita del sur iraquí que luchaba por su autonomía. De modo que la invocada unidad árabe es una quimera y la anhelada federación de esos Estados es sólo una entelequia.
Sin embargo, es significativo que la civilización árabe, que brilló de manera esplendorosa en el siglo VIII, disfruta de tres ventajas. La primera es su gran extensión pues abarca 22 naciones de diferente tamaño y desarrollo que tienen unos 180 millones de habitantes. Además, el mundo árabe se expande desde la costa occidental africana, continúa por la ribera sur del Mediterráneo hasta el Golfo de Omán, y remata en la periferia del Golfo Pérsico. El otro beneficio es el cuantioso manto petrolífero que poseen muchos de esos Estados árabes y que los convierte en factores relevantes de la política regional del Oriente Próximo, y aún de la política mundial. El tercer elemento positivo del mosaico árabe es su vigorosa y original cultura, parte de la cual heredamos los hispanoamericanos por medio de España. Y, finalmente, el universo árabe permanece singularmente vinculado por una misma religión muy militante, y por una lengua común.
Mas todas esas cualidades se aminoran al carecer prácticamente todos los países árabes, de valores democráticos. Más bien abundan entre ellos las dictaduras y monarquías absolutistas, y las libertades brillan por su ausencia. En Libia, Muammar Gaddafi gobierna despóticamente desde 1969; el príncipe Fahd en Arabia Saudita, desde 1982; Saddam Hussein llegó al poder en 1979; Yasser Arafat, de Palestina, en 1969; Hosni Mubarak, de Egipto,1989, y así de seguido. Por otra parte, naciones como Jordania, Egipto, Kuwait y Arabia Saudita, entre otras, dependen de Estados Unidos de Norteamérica. Por lo demás, las tres guerras que Estados árabes emprendieron contra Israel en 1948, 1967 y 1973, no recibieron apoyo decidido de los demás. Boicotearon a Egipto cuando éste en 1979 hizo las paces con Israel. Y ahora Irak recibe de sus vecinos solamente declaraciones de solidaridad.
Debemos señalar, finalmente, que la interminable violencia entre judíos y palestinos envenena las relaciones de Occidente y especialmente las de Estados Unidos con el mundo árabe. A diferencia de los ex presidente estadounidenses Jimmy Carter y Bill Clinton, que en 1993 y 1998 auspiciaron acercamientos entre esos dos contendientes, el Presidente Bush se cruzó de brazos y los cascos azules de ONU nunca llegaron a separar a los contendientes.
Por todo lo anterior concluimos que el anuncio de un sostenido terrorismo proveniente de los Estados árabes es tan improbable como la guerra de civilizaciones que pronosticó Samuel Huttington. Lo que sí puede presentarse es atentados de grupos radicales que podrían atacar en cualquier parte y con los cuales si hay que tener el mayor cuidado.