¡Buen viaje a un gran amigo de Nicaragua!

María Elena Artola Juá[email protected]

Permítanme compartir mi sincero reconocimiento a un amigo que en estos días deja Nicaragua tras haber compartido aquí, durante tres años, diversas coyunturas.

El doctor Juan Aguilar León, representante de UNICEF, concluye su misión este 31 de marzo, dejando constancia de su compromiso y empeño para sentar las bases de la construcción de un mundo seguro para la niñez y la adolescencia. Le sucederá, a partir del primero de abril, el señor Gary Stahl, de EE.UU.

Es difícil sintetizar las cualidades del doctor Aguilar, quien por su talento, generosidad y humanismo supo ganarse el aprecio de las y los nicaragüenses, particularmente de las niñas, niños y adolescentes, preocupación central de sus acciones.

Trabajando con él en diversas consultorías en el área de comunicación de UNICEF, reconfirmé que el doctor Aguilar ocupa un lugar especial en el corazón de nuestro pueblo. Este aprecio lo obtuvo por el humanismo que irradia en su relación cotidiana con los demás y por sus acciones a favor de la infancia.

Mantuvo una vinculación estrecha con los medios de comunicación social, informando al pueblo nicaragüense los resultados del trabajo a favor de la infancia, motivando a todos los sectores nacionales y a la cooperación internacional a trabajar más para los niños y niñas pero tomando en cuenta sus puntos de vista en las decisiones que afectan sus vidas.

Una vez me comentaron algunos colegas: “Ésta es la primera vez que un representante de UNICEF nos da tan fraternal saludo y es la primera vez que entramos a las oficinas de la ONU”. Esto lo dijeron porque el doctor Aguilar al iniciar una conferencia de prensa dijo cariñosamente: “Apreciadas y apreciados periodistas, amigas y amigos, sean bienvenidas y bienvenidos a esta casa que es de ustedes”.

Nos deja un importante legado en el ámbito de las relaciones humanas firmes, generosas e incluyentes. Imprimió a UNICEF un sello de nuevo tipo y de manera natural fomentó la filosofía del Secretario General de la ONU, Kofi Annan: “Acercar las Naciones Unidas a la gente”.

Mediante su vinculación estrecha con las comunidades, instituciones estatales y organizaciones civiles que trabajan con la niñez, y con las mismas niñas y niños, fue consolidando una cariñosa y productiva relación que trascendió diversos ámbitos, particularmente los sectores vulnerables de nuestra sociedad.

Durante los tres años al frente de UNICEF visitó el interior del país, involucrándose en la solución de los problemas más sentidos y buscando cómo mejorar las condiciones de vida de las niñas y niños empobrecidos y famélicos de las comunidades campesinas.

Las personas que viven con el VIH o con el Sida encontraron en el doctor Aguilar León a un gran amigo que les brindó la mano, palabras de aliento y apoyo.

Los programas de lactancia materna, nutrición infantil, saneamiento del agua, comunicación y movilización de influencias y de recursos para la respuesta multisectorial a la epidemia del Sida, y otros de igual importancia, fueron sus prioridades.

El doctor Aguilar León es un convencido de que la verdadera felicidad la construye el ser humano cuando no solamente es útil a sí mismo sino a muchas personas, sobre todo a las más necesitadas, a las excluidas de oportunidades y facilidades para construirse un destino mejor. Él es un hombre felizmente realizado.

Indiscutiblemente, este mundo será mejor o peor si cada persona es mejor o peor, será feliz o infeliz si las personas son felices o infelices. Y el género humano dejaría de ser humanidad sin personas generosas, sensibles y sensitivas como el doctor Juan Aguilar León.

La autora es periodista.  

Editorial
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