Se nace hombre o se nace mujer

Hortensia Rivas Zeledón

En 1989 soplaron aires de libertad en gran parte del planeta. Hasta en la lejana China (comunista) se rebelaron los estudiantes, que después de muchos días de heroica resistencia fueron reprimidos y asesinados por el ejército chino, y por el partido comunista que desde 1949 mantiene subyugado a ese pobre pueblo.

En los meses de octubre y noviembre de ese mismo año, los pueblos de Europa del Este decidieron sacudirse el yugo que les mantenía oprimidos y se lanzaron a las calles, contra las nomenclaturas que les habían arrebatado todos sus derechos y libertades; una tras otra fueron derribadas las camarillas corruptas totalitarias y falaces de todos los países conocidos como comunistas.

Con gran júbilo los demócratas del resto del mundo vieron como caían estrepitosamente las dictaduras represivas de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría, Bulgaria, Alemania del Este —con la emotiva caída del Muro de Berlín—, y Rumania, con la muerte del tirano Ceacescu y su mujer Elena. Luego fue Albania, y hasta aquí, en Nicaragua soplaron los aires de libertad, y el totalitarismo sandinista fue derrotado electoralmente el 25 de febrero de 1990.

Por cierto que casi todos los miembros de esas camarillas, después que perdieron el poder se convirtieron en los grupos más temibles del crimen organizado, conocidos como los “barones rojos”, que trafican con armas, drogas y quién sabe con qué más.

El derrumbe del sistema socialista dejó a la izquierda sin argumentos ideológicos, porque su referente quedó descubierto como lo que realmente era, un engaño a los pueblos. El tan prometido bienestar de los trabajadores nunca existió, ni hubo igualdad. Más bien les suprimieron los derechos y libertades, mientras la nomenclatura (la nueva clase) gozaba de todos los privilegios.

Como los izquierdistas ya no pudieron seguir engañando a los pueblos con sus ventas de ilusiones y utopías, buscaron otros argumentos para mantener agitada y movilizada a la gente. Y ahora resulta que son los más fervientes “defensores” del ambiente, aunque todos los regímenes comunistas han sido los peores enemigos y depredadores de la naturaleza, de la salud y de la vida, como sucedió con la explosión de la planta nuclear de Chernobil, en 1986, o la contaminación con radiactivos en el Mar del Norte.

Otro caballito de Troya es el “enfoque de género”, pues con argumentos astutos pretenden convencer de que sexo masculino y sexo femenino no es lo mismo que género masculino y género femenino, porque según ellos el género es producto de una construcción social, y que, además, depende de una elección que como es aprendida también puede desaprenderse. Y el colmo es que plantean que hay varias orientaciones sexuales: la heterosexual, la homosexual y la bisexual.

Ellos, para imponer sus criterios invocan los derechos humanos. Y tienen derecho a ser lo que quieran, pero de ninguna manera de meter a los demás en su mismo saco.

La mayoría de los nicaragüenses tiene muy claro que sexo masculino y sexo femenino es sinónimo de género masculino y género femenino; que ser hombre o ser mujer no es producto de una construcción social ni resultado de una elección, porque se nace hombre o se nace mujer. Así nos hizo Dios, nuestro Creador.

La autora es maestra.  

Editorial
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