Unas palabras a la Patria

Hugo Ramón García

En medio de una tensa situación que vives causada por los desórdenes sociales, celebramos tu día. Al menos una vez al año, nos acordamos de honrarte, haciendo a un lado las comunes diferencias que te dividen.

Muchas son las adulaciones frente a tus símbolos nacionales, como muchas son también las palabras que te ofrecen recordando episodios pasados, pero ninguno toma ese ejemplo como fórmula de patriotismo para dejar sentado el concepto de “nación”. Al impulso de los aires mañaneros se agita tu Bandera Nacional y con la mano derecha puesta sobre el corazón, le rinden una promesa incierta que no cumplen por la ausencia de probidad ciudadana.

¿Pueden acaso los “políticos” escogerte un buen destino, si ellos mismos con sus actuaciones empañan tu honra inmortal? ¿No son ellos simplemente los causantes de tanta tragedia que padeces en las entrañas de tu historia y cuyos efectos siguen dándose con indudable realidad?

Es muy hermoso apreciar, a lo largo de tu territorio, la solemnidad de tus desfiles marciales exhibiendo la belleza original de tus palillonas, que encarnando ideales y juventud se aprestan con sus estudios a construir un futuro diferente, porque son ellas las que por sus esfuerzos pueden rescatarte de tanta infamia que te han proferido los falsos “conductores” herederos de tantos filibusteros, que continuando la villana conducta de William Walker han querido ensuciar nuestra soberanía, pero que habiendo todavía patriotas calificados rechazarán con indomable nacionalismo esas toscas intenciones anteponiendo a otros fines los intereses de Patria.

Resulta fácil, limitándonos a las palabras, hablar de vos y de tus gestas gloriosas, que en las páginas de la historia son voluminosas y de mucha importancia. Es muy sencillo con “elegantes” discursos queriendo alcanzar atronadores aplausos, colmarte de elogios si en el caminar de la vida diaria cometemos actos reñidos que oscurecen tu destino.

Darío, el poeta soñador, el que con su lira te cantó y te colmó de una fama universal, expresa “que estás hecha para la libertad”, pero vemos que esa misma libertad disminuye en su concepto cuando caemos en el libertinaje a través del abuso. Cuántas veces hemos sido protagonistas de hechos deplorables, y en virtud de censurarlos nos hacemos los indiferentes como si no fueras la Patria por excelencia que te debemos deberes y obligaciones como una devoción inculcada por nuestros antepasados que supieron venerarte con apasionado patriotismo.

En cada amanecer, cuando el paisaje de la naturaleza determina sus encantos, nace una esperanza, la esperanza de que seas una República humanamente superior, donde las prédicas del odio se terminen para siempre y bajo tu Bandera azul y blanco te patenticemos sin hipocresías los sentimientos por una paz efectiva que mucho se necesita a fin de alcanzar la convivencia nacional entre la familia nicaragüense.

Que en tu cielo lleno de una gracia infinita se plasmen con letras de esmeralda lo que dijo el panida itinerante de Colombia, doctor Jorge Robledo Ortiz, en sus versos a Nicaragua. “Estoy frente a tu escudo y tus cinco volcanes, son mis cinco sentidos dispuestos a quererte Nicaragua. Toma mi verso humilde; lústralo con las aguas de El Pochote y ruégale a Darío que lo abroquele en ritmos y lo absuelva de manchas”.

El autor es periodista.  

Editorial
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