Jaime Vega Luna
En este mes de la Patria, en que celebramos la Batalla de San Jacinto y la Independencia Nacional, quiero llamar la atención de los nicaragüenses, especialmente a los masayas, que recordemos el fallecimiento de un gran hombre que, habiendo venido de tan lejos le dio, a las Ciudad de las Flores, toda su energía, amor y conocimiento, aunque no se cumplió su deseo de morir en esta tierra.
El padre Marcola, de la orden Salesiana, ocupa un lugar muy especial en el corazón de quienes fuimos sus alumnos en el Colegio Juan Cagliero, hoy llamado Don Bosco. Muchos jóvenes de ese entonces son hoy hombres de bien, en parte, gracias a la labor educativa y a los consejos, siempre brindados en forma alegre, del padre Marcola.
Francisco Marcola Rakar, nació en Bergogna, Gorizia, Italia, el 29 de agosto de 1911, hijo de Antonio Marcola y Luisa Rakar. Inició su formación religiosa el 21 de diciembre de 1934 en Italia. Fue ordenado sacerdote en Santa Tecla, El Salvador el 23 de septiembre de 1944. Llegó a Masaya en 1949.
En poco tiempo su personalidad jovial y dinámica se ganó el afecto no sólo de sus alumnos sino que de todo Masaya, especialmente del barrio Monimbó, que es donde queda ubicado el Colegio.
Fue director del anexo, que es, como su nombre lo indica, un anexo del colegio para niños que sus padres no pueden pagar la colegiatura. Le dio gran impulso, fomentó el deporte y especialmente la disciplina de la que era firme creyente.
Desafortunadamente la historia de Nicaragua siempre mancha de negro algunas páginas. Durante el año 1983 fue expulsado de su colegio de Masaya con otros sacerdotes de la orden. Se trasladó a Costa Rica donde vivió hasta su muerte.
Sintiéndose desarraigado de su segunda patria, se enfermó gravemente. Yo que por ese entonces vivía exiliado en Costa Rica lo visitaba con frecuencia. Una vez en su lecho de enfermo, quizás fue la última vez que lo vi, me reconoció y hablamos un poco, siempre de su querida Masaya y los alumnos de la época. Fue atendido en su enfermedad por las señoras de Masaya, Rosita Paniagua (actualmente en Canadá) y Julieta Matus (actualmente en Costa Rica), que con gran devoción lo cuidaban. Lo acompañaba, además, su compañero de expulsión el también sacerdote, de origen panameño Mario Mudrid (el padre Mario), que una vez en la Nicaragua democrática, regresó a servir al Colegio en Masaya, quien heredó del padre su amor a esta tierra.
Falleció en Cartago, en el seminario Salesiano Santo Domingo Savio el 15 de septiembre de 1986. Al saberse la noticia en Masaya, las campanas llamaron a duelo y hubo gran consternación entre la ciudadanía, que fue expresada casi de manera clandestina.
El seminario Salesiano de Masaya lleva el nombre de padre Francisco Marcola.
Su estadía en Masaya fue de 34 años. Durante todo ese tiempo no dejó de sembrar la semilla de la humildad y la amabilidad, se caracterizó por laborioso y tener un humor muy agradable aunque también una gran firmeza.
Tenía, como buen salesiano, una gran devoción a San Juan Bosco y María Auxiliadora que supo transmitir a sus múltiples alumnos y amigos.
Mi recuerdo y homenaje a este santo varón que tanto bien y amor le dio a Masaya.
El autor es ingeniero.